Sin sentido del ridículo.

Artículo publicado el 2 de agosto en ABC.

Desde que hace cinco años Artur Mas decidiera sumarse a los radicales que rodeaban el Parlament de Catalunya, y empezara este “procés” inacabable, es muy cierto que una cosa han conseguido, y es llamar la atención internacional. Desde aquel momento han sido muchos los medios de comunicación, pero también los diplomáticos de numerosos países los que se han interesado por la situación que vive la política catalana, y digo la política, porque es bastante diferente a la situación que viven los catalanes.

Ya recientemente, cuando los independentistas pretendían modificar el reglamento de la cámara, para aprobar de forma exprés sus leyes de desconexión, algunas delegaciones diplomáticas ponían en duda el carácter democrático del “procés”, y es de prever que durante la pasada semana, con la aprobación de la modificación del Reglamento, sí, pero también viendo en el Parlamento como parte de los independentistas esgrimían panfletos chavistas, se despejaran dudas acerca de las intenciones nada democráticas de estos.

Por si esto fuera poco, leer a Pugidemont afirmar por el mundo, aquel en el que no le recibe ningún político serio, que no aceptará las decisiones de los tribunales (las que no le convengan, se entiende), o que está “democráticamente” dispuesto a ir a la cárcel si no puede hacer lo que a él le viene en gana, contribuye a generar una imagen de la política catalana un tanto “friki”, al menos en el mundo civilizado.

Pero sin duda alguna, los límites del ridículo son desconocidos por muchos, (después de los nombramientos, ya no sé si todos) los miembros del Govern, y el que se lleva la palma es el encargado de los asuntos exteriores, Minister según él. Cualquier persona con un mínimo sentido común, se avergonzaría, desde el punto de vista democrático, del texto de la ley del referéndum de autodeterminación, del cual no se salva ni el preámbulo, por la sarta de falsedades que contiene.

Evidentemente, como el sentido del ridículo no es lo suyo, le ha faltado tiempo al Honorable Minister de enviar el texto de la inmoral proposición de ley a los gobiernos de Europa entera, y quien sabe si incluso más allá, supongo que para explicarles que sus propias constituciones, y leyes fundamentales, e incluso sus sistemas jurídicos son papel mojado ante los derechos de los independentistas, que están por encima de cualquier otra ley que se oponga a sus intereses (sigo hablando de Catalunya, aunque el lector pueda pensar en Venezuela).

El problema no está en el derecho a hacer el ridículo por el mundo de los independentistas, sino que el mundo nos vea ridículos a los catalanes.

El 2, y el 3, y el 4, y…

Artículo publicado el 12 de julio por ABC.

Ya ha quedado demostrado que la que tenía que ser “la revolución de las sonrisas”, se ha transformado en “la revolución del miedo” a juzgar por las propias palabras de Puigdemont. Pero al margen de las palabras, hechos recientes, ciertamente sí que dan miedo, pero no miedo físico, sino miedo de que manden al garete la democracia y el estado de derecho.

La aprobación por parte de la mayoría independentista del Parlament de un texto que pide al Govern que ni subvencione, ni publique publicidad en aquellos medios de comunicación que no publiciten el supuesto referéndum, es un atentado en toda regla contra la libertad de prensa.

La destitución de un Conseller por expresar públicamente su opinión, refleja también una situación en la que muchas personas, seguro que del Govern, pero también de la sociedad, temen que se las identifique ni que sea “desconfiadas” del “procés” y que ello les vaya a pasar algún tipo de factura, constituye una importante limitación de la libertad de expresión, e incluso de la libertad ideológica.

La presentación pública de una ley supremacista, que se carga todo el ordenamiento jurídico, y de paso las garantías judiciales que cualquier ciudadano tiene en democracia, en pos de una posición partidista, no permite augurar demasiado sentido democrático a quien la sustenta. Solo cabe esperar que no llegue al registro del Parlament, y si así fuera que no llegara a ser publicada en ningún diario oficial, al menos para preservar la dignidad de la institución parlamentaria.

En septiembre de 2015 dijeron que en 18 meses, se votaría una constitución catalana, y se harían unas elecciones constituyentes. Vencieron en marzo y Catalunya sigue siendo España, y los catalanes, españoles.

Luego dijeron que los 18 meses debían empezar a contarse desde la investidura de Puigdemont, en enero de 2016. Esta semana también se cumplieron los 18 meses y Catalunya sigue siendo España, y los catalanes, españoles.

Ahora dicen que a los dos días del trampantojo de referéndum declararan la independencia. Pues desde la confianza en la democracia y en el estado de derecho me permiten afirmar que, pase lo que pase el 1 de octubre –y no será un referéndum- el 2 de octubre Catalunya seguirá siendo España, y los catalanes, españoles, y el 3, y el 4, y …

El Govern independentista y sus socios parlamentarios, quieren conflicto, pues deben saber que no habrá conflicto, habrá democracia, estado de derecho y habrá justicia, sin miedo.

Por cierto, cuando quieran hablar de políticas para mejorar la calidad de vida de los catalanes, allá estaremos.

El trampantojo del referéndum.

Artículo publicado el 21 de junio en ABC.

Según el diccionario de la Real Academia Española, un trampantojo es una trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es. Así pues, la definición se ajusta a la perfección al presunto referéndum con el que el Govern de la Generalitat pretende amenazar el orden constitucional y a la democracia española.

Los referéndums deben cumplir una serie de requisitos para que puedan ser considerados democráticos. La Comisión Europea para la democracia a través del derecho, conocida como Comisión de Venecia, a través del Consejo para Elecciones Democráticas dictó en 2006 un código de buenas prácticas sobre referendos que sirve de guía a los estados miembros de la Unión Europea.

La primera de las normas es que los referéndums no pueden celebrarse si la Constitución o una ley conforme a esta no los estipula, lo cual ya es motivo suficiente para desacreditar las intenciones del Govern independentista, pero hay más, como por ejemplo que la autoridad administrativa debe ser neutral, que debe ofrecer información objetiva de las consecuencias o que los medios de comunicación públicos deben tratar con igualdad las opciones. Me da la impresión que no es necesario demostrar que ninguno de estos criterios se cumple, ni siquiera mínimamente, con el actual Govern de la Generalitat.

De hecho son criterios muy elementales que no debería ser necesario ni recordar, ni mencionar siquiera, pero que, en las actuales circunstancias se hace preciso poner en el debate, para dejar claro que lo que se pretende en Catalunya ni es, ni puede ser, ni será un referéndum, le podrían llamar de cualquier otra manera, por ejemplo, manifestación independentista, pero no referéndum.

Pero seguirán usando el concepto referéndum por la carga de provocación que comporta la realización de algo no permisible, aunque luego ante la justicia lo nieguen, y sobre todo por la pátina de democracia que la propia palabra conlleva. Y esta es la clave, todo el proceso se basa en apariencias, ilusiones o trampas con las que se engañan ellos mismos y pretenden engañar a los demás. Todo un elenco de argucias, que no astucias, que ilustran perfectamente que de la democracia solo pretenden usar la apariencia, muy en la línea de cualquier gobierno populista que nos venga a la cabeza. Precisamente para tapar su incompetencia democrática, no cesan de acusar a los demás de poco democráticos, incluso con símiles que provocan entre hilaridad y estupefacción, Guardiola mediante.

El 1 de octubre no habrá ningún referéndum, quizás una nueva manifestación imaginativa, pero el problema seguir al día siguiente, se deberá administrar el engaño y no pocas frustraciones.

Esto va de democracia.

Artículo publicado en ABC.

Cinco años de debate independentista empieza ya a dar para mucho, como por ejemplo, para calar determinados mensajes que en realidad no pasan de ser propagandistas. En numerosas ocasiones hemos oído, primero a Mas, después a Puigdemont y a Junqueras recitar que “esto va de democracia” en relación a la independencia, nada más lejos de la realidad. A qué democracia se refieren ellos que tienen una decisión tomada, y les importa entre poco y nada lo que los catalanes piensen?  Seguramente se trata de una democracia parecida a la que defienden sus socios bolivarianos de la CUP, y a la que en nada, los catalanes ni ninguna democracia occidental, queremos parecernos.

En primer lugar debemos recordar que el famoso referéndum de autodeterminación que defienden, no es fruto de ningún mandato de la sociedad catalana, de hecho, “los del sí” se presentaron a las elecciones autonómicas, plebiscitarias según ellos (que perdieron), con un programa que en ningún caso cita ningún referéndum de autodeterminación, sino de un “referéndum de ratificación de la constitución del nuevo estado”: imaginación en estado puro.

Hoy, parte importante del imaginario colectivo y los medios del régimen,  se apuntan a la post verdad del proceso: votar es democracia! Nada más lejos de la realidad, hasta en Cuba se vota, y pobre del que no lo haga por el régimen, democracia es mucho más: es respeto a las libertades, respecto a la ley, es debate, es contrastar opiniones, y después votar, sí votar, es una condición necesaria, pero no suficiente.

Hace pocas semanas explicaba en esta misma Tribuna que la llamada operación diálogo tenía por objeto poner en evidencia que a los independentistas, lo que menos les interesa es el diálogo. Hoy esa fase se ha superado con éxito, ha quedado demostrado que a los independentistas eso de contrastar ideas no va con ellos. Como ejemplo, en no pocas ocasiones les hemos tenido que recordar a los directivos de la televisión pública catalana que la diversidad de la sociedad catalana, va mucho más allá de los independentistas de derechas, y los independentistas de izquierdas.

Pues nada, encantados de la vida, si en realidad esto va de democracia, les esperamos en las Cortes Generales, pueden elegir Congreso, Senado, o ambas cámaras (sala alquilada al Ayuntamiento no sirve), y a respetar lo que democráticamente se decida.

Ello no obstante, no renunciamos a que también en el Parlament de Catalunya, se pueda ejercer en libertad la democracia, con respeto a las leyes, a nuestras propias leyes, y por encima de todo, con respeto a la sociedad catalana.

Viva la madre superiora.

Artículo publicado en ABC.

En el debate sobre la independencia, y como si del día de la marmota se tratara, día tras día, se repiten los falaces argumentos en uno y otro escenario, ahora en la puerta de los tribunales de Justicia, antes en el Palau de la Generalitat y antes en el Parlament, con un único propósito: intentar legitimar lo ilegítimo. La escenografía, la de siempre, movilizaciones cada vez menores y más selectas, la aristocracia independentista procurando demostrar la opresión a la que, según ellos, están sometidos.

Siguen utilizando la apelación insultante a la democracia, obviando que la democracia consiste en respetar las leyes de las que, democráticamente por cierto, nos hemos dotado. Siguen ignorando que el Parlament se rige por su Reglamento, por el Estatut y por la Constitución y no por ningún supuesto derecho internacional que jamás concretan pero siempre esgrimen a su conveniencia.

Una vez más surge la petición de respeto a la inviolabilidad de los parlamentarios, inviolabilidad para que los parlamentarios se expresen y voten con libertad, pero no para tomar decisiones, ni mandatos parlamentarios ilegales que contravienen todo el ordenamiento jurídico conocido y que vulneran derechos de otros parlamentarios, pero también de los ciudadanos, a los que falsamente dicen servir. No se puede ignorar el código penal amparándose en la inviolabilidad parlamentaria, eso solo ocurre en los países referentes de sus socios antitodo. Es en democracia precisamente, donde todos, desde el Presidente del Parlamento, del de  la Generalitat, hasta la madre superiora estamos sometidos a las leyes en igualdad de condiciones.

Se burlan de los que defendemos la ilegalidad de un referéndum de secesión y de las instituciones democráticas cuando publican que compran urnas para procesos electorales, mientras dicen que son para un referéndum ilegal: en Catalunya hemos votado cuatro veces en los últimos dos años, sin necesidad de comprar urnas, porque ya las tenemos, porque ya somos libres, porque tenemos y defendemos la democracia que nos garantiza la Constitución española y el Estatut de Catalunya.

En realidad lo que con estas actitudes se pone en evidencia es la falta de lealtad, falta de lealtad con los ciudadanos a los que pretenden engañar permanentemente, falta de lealtad con las instituciones que garantizan la democracia, ya sea un Parlamento o un Tribunal de Justicia.

No es necesario comprar nuevas urnas, ya las tenemos y las queremos seguir utilizando, eso sí cuanto antes para echar a aquellos que parece que quieren convertir nuestra Catalunya en el país de “viva la madre superiora”.

De campaña

Artículo publicado en ABC.

En Cataluña, los eufemismos invaden el discurso político, y así nos encontramos inmersos en una nueva campaña gubernamental por un referéndum de autodeterminación que no se celebrará por ilegal.

Lo importante no es el referéndum, sino la campaña, que es lo que permite a los partidos independentistas mantener alimentados y movilizados a sus adeptos, y por tanto también a su electorado, y mantener viva la creencia de que la independencia es cuestión de horas. De hecho llevan más de cuatro años haciendo creer que es cuestión de horas.

El secesionismo utiliza las palabras hasta desprestigiarlas, manosean la democracia, para amparar actuaciones, como la reforma del Reglamento del Parlament para eludir la democracia; hablan de referéndum acordado, sin dar ni un solo paso para acordar nada. Si de verdad quisieran un referéndum acordado, más que recoger firmas, lo que deberían hacer es plantearlo ante las Cortes Generales, pero no lo hacen porque, democráticamente se les negaría como ya ocurrió en 2014 y quedarían, una vez más, en evidencia.

El reciente viaje de Puigdemont a Atlanta, se enmarca también en esa suerte de actos que, más allá de la ausencia de reales y efectivos resultados, sirven únicamente para que los adeptos a la independencia se sientan orgullosos de lo importante que es su hazaña secesionista en el mundo.

En realidad los secesionistas no quieren ningún referéndum pactado, de hecho no quieren ni referéndum, ellos ya han decidido el resultado, y solo pretenden provocar reacciones por parte del Estado de derecho que les permita mantener alimentado el victimismo. Mientras tanto, están de campaña, eso sí, de campaña permanente, porque las legislaturas en Catalunya son más bien cortas, y la épica les llevará a una nueva convocatoria electoral, de elecciones autonómicas claro, pero que plantearan como “la madre” de todas las elecciones.

Pues ahí vamos, el Partido Popular de Catalunya entramos en campaña, no en la de su imaginario referéndum, pero si a explicar a los catalanes, que es lo que debería estar haciendo el Govern de la Generalitat por mejorar el bienestar y la calidad de vida de los catalanes, y que es lo que no han hecho mientras tienen la responsabilidad de gobernar.

Listas de espera interminables en la sanidad, barracones como escuelas, los impuestos más elevados de toda España, no son fruto de ninguna opresión de España a Cataluña, sino que lo son de decisiones del propio Govern de la Generalitat. El Partido Popular queremos acabar con este debate que divide la sociedad, y lo vamos a hacer en las urnas, pero en las de verdad, no en las de cartón.

They the people

Whe the people

Artículo publicado en ABC.

Tiene razón el President Puigdemont cuando afirma que en Cataluña hay un problema de derechos civiles, tanto es así que, después de que la sede del Partido Popular de Catalunya fuera atacada y ocupada por sus socios parlamentarios, lleguamos a pensar que, por fin el President había decidido volver a la senda del sentido común, después de todo, la esperanza es lo último que se debe perder en esta vida.

Pues no, no se refería a ese hecho, ni al hecho de que el Govern que él preside haya decidido ignorar a más de la mitad de los catalanes. No, no, fue a explicar nada menos que a Massachusets que, según su soberana imaginación, en la España del s.XXI se vulneran derechos civiles, como ocurría en la década de los 60 del siglo pasado con la segregación racial en los Estados Unidos.

Pues si eso ocurre en España, Puigdemont y sus antecesores de Convergencia sabrán mucho, ya que es la Generalitat gobernada por los suyos la que promueve determinadas actitudes discriminatorias, y la más relevante sin duda, gobernar solo para los independentistas, cosa a la que lleva dedicado en cuerpo y alma, desde el primer día que fue elegido.

Si Mas se llegó a comparar con Nelson Mandela, la Santa Teresa de Calcuta, Mahatma Ghandi o Martin Luther King, Puigdemont no va a ser menos. Si Mas, Ortega, Rigau, Homs o Forcadell tienen números para pasar la historia como mártires de la causa independentista, y de la “opresión” española, Puigdemont, Junqueras o Romeva no pueden ser menos.

En realidad, lo que no se imaginan en Massachusets, es que cuando Puigdemont cita las primeras palabras de la Constitución de los Estados Unidos, no se refiere al conjunto de catalanes, sino que solo se refiere a los independentistas, seguramente por ello, de sus palabras podemos interpretar “They the people”, porque los no independentistas, para él, no formamos parte del pueblo, y por supuesto, menos del pueblo catalán.

Quizás, si Puigdemont hubiera leído más allá de las tres primeras palabras de la Constitución más antigua del mundo, se hubiera extrañado: “…in order to form a more perfect Union…” es decir “…a fin de formar una Unión más perfecta…”, y quizás también hubiera extrañado la ausencia de lo que él reclama, que no es más que el derecho a la autodeterminación, inexistente en las constituciones de las democracias modernas. Después de todo, unión y autodeterminación son conceptos antagónicos. En Havard, se lo podrían explicar.

Dime de qué presumes

Reglament

Artículo publicado en ABC.

Ya les conocíamos, pero quizás, los secesionistas, no se habían dado a conocer demasiado más allá de Cataluña. Llevan años predicando diálogo, y cuando se les ofrece la oportunidad ostensiblemente, porque oportunidades siempre ha habido, la desdeñan. Llevan años predicando democracia, incluso se atreven a decir ante los Tribunales que se les juzga por demócratas, no, por saltarse las leyes. Pero la realidad es que su actitud dista mucho de la democracia, y la prueba más evidente es el camino emprendido.

Mientras en público hablan de “cuidar las formas”, en actos menos públicos para explicar el proceso a los convencidos, explican que “la transición no será ni pacífica ni ordenada”,  vaya es como aquello de apuñalar a alguien, sin que se vea la sangre. Una cosa, como muy democrática.

Dicen pedir un referéndum de autodeterminación. Los incautos, que los hay, dicen que pactado. Pero en realidad, los independentistas no necesitan el referéndum porque ellos ya han decidido el resultado: sí o sí, ¿recuerdan?

En 2014 tuvieron el coraje -no todos, el expresident Mas no fue- de intentar la vía democrática y de acuerdo con la ley, que es el de pedir a las Cortes la autorización para el referéndum, pero claro como en las Cortes no escucharon lo que ellos querían oír y muchos menos votaron lo que ellos querían que votaran, resulta que el problema es de las Cortes, que no son democráticas.

En esta legislatura de poco más de un año, ya ha habido dos pronunciamientos de amparo del Tribunal Constitucional a diputados la oposición, por vulneración de derechos. Sí, los que presumen de demócratas ya han vulnerado en dos ocasiones derechos de los diputados de la oposición y siguen por el mismo camino. Precisamente, las democracias occidentales se caracterizan por proteger los derechos de las minorías con algo, que a ellos les debe parecer estrambótico como son leyes y justicia, pero es que los diputados de la oposición, seremos minoría d’Hondt mediante, pero representamos a una mayoría de catalanes.

Ahora es la modificación del Reglamento del Parlament, mediante una ponencia “conjunta” en la que previsiblemente solo estarán ellos, para poder aprobar su ley de desconexión con nocturnidad y alevosía, sin permitir el debate parlamentario, sin permitir enmiendas, sin permitir… ¿para qué van permitir nada, si ellos, demócratas, son los poseedores de la única verdad? Y en esta ley se van a cargar, eso sí muy democráticamente, el Estatut y la Constitución, y todavía seran capaces de ir por el mundo explicando que están oprimidos por España, pues eso, …te diré de qué careces!