Marcos mentales.

Artículo publicado en ABC.

A lo largo de los años, los nacionalismos han sacado ventajas al constitucionalismo en muchos ámbitos, pero sí en uno es más evidente que en otros, es en el de establecer marcos mentales: se reitera por tierra, mar y aire una sentencia que, con indiferencia de si es cierta o no, termina siendo indiscutible. Ejemplos los tenemos a centenares: las bondades de la inmersión lingüística, los agravios de todos los modelos de financiación, el maltrato fiscal, la ausencia de inversiones en infraestructuras, el derecho a la autodeterminación y así un largo etcétera de tópicos que en Catalunya conocemos muy bien.

Así, los constitucionalistas debemos abordar dos problemas: primero combatir esos marcos mentales con argumentos y pruebas fehacientes, porque, evidentemente, como los marcos mentales están tan asumidos, la carga de la prueba recae sobre aquellos que debemos contrarrestarlos; pero más grave es aún es que se asuman esos marcos mentales como propios por parte de altos representantes, actuales o pasados, del Estado.

Sorprende (o no) que venga el expresidente Zapatero a Catalunya a asumir los marcos de los nacionalistas: “ví que la sentencia del Estatut sería un problema”, para situar ésta en el origen del conflicto actual, ignorando que el origen de dicha sentencia es la gestión del Estatut que hizo él mismo o el propio PSC impulsando en el Pacto del Tinell el cordón sanitario al partido que en aquel momento, 2003, gobernaba España.

Y pongo en duda la sorpresa, porque tampoco es casual que, precisamente a escasas semanas de un debate de investidura de Pedro Sanchez, en el que es necesaria la abstención de los nacionalistas, venga el mediador Zapatero a asumir marcos mentales y a poner indultos preventivos a sentencias judiciales sobre la mesa.

Mientras los catalanes constitucionalistas continuamos peleando contra los marcos mentales, algo huele a podrido en Dinamarca (del Sur): ERC se desmarca de una nueva declaración de independencia en el Parlament al mismo tiempo que Zapatero asume que las decisiones de la justicia incomodan la política nacionalista, toma sentido el “no te preocupes”.

Blanco y en botella.

Siguen en la inopia.

Artículo publicado en ABC.

Con las elecciones generales, las municipales y las europeas, hemos terminado un ciclo electoral, aparentemente porque, aunque las legislaturas sean de cuatro años, especialmente en Catalunya se da un hecho diferencial que es la inestabilidad política en la que nos tienen instalados.

Elecciones tras elecciones, los secesionistas siguen jugando con los sentimientos de los electores para ver quien recaba más apoyos, si los presos o los fugados, sin tener en cuenta que los segundos juegan con ventaja respecto de los primeros, y todos ellos en relación al conjunto de la sociedad catalana que, independentista o no, se ve obligada a mantener un debate que más que estéril e improductivo, es nocivo para la misma.

Todo lo demás es accesorio: da igual que en Europa se hagan políticas de progreso y libertad, o sea tomada por los antieuropeos, da igual quienes sean los socios –y sus políticas-  del PSOE en el Gobierno de España, da igual quienes gobiernen nuestros ayuntamientos, mientras estén al servicio de su república imaginaria. Solo les interesa la independencia y parece que la impunidad a sus actos contra la sociedad, la libertad y el derecho.

No hay política en Cataluña, pero mientras, las empresas siguen huyendo en búsqueda de espacios más estables políticamente, y ello significa que los catalanes, todos, perdemos oportunidades de creación de riqueza, de trabajo y por lo tanto de bienestar.

Desde la inopia es difícil discernir entre lo emocional y lo racional y mientras nos mantengamos en estos términos, estaremos racionalmente empobreciendo nuestra sociedad.

También el Gobierno de España tiene su responsabilidad, la de no entender que los gobernantes catalanes que ocupan todos los rincones de las administraciones y más –cámara de comercio, por ejemplo- no han cejado en su empeño en la ruptura, especialmente la de la propia sociedad catalana.

En Catalunya el debate ya no está entre políticas de derechas o de izquierdas, no está en términos de liberalismo o socialdemocracia, ni tan siquiera está en un debate más o menos nacionalista, el debate hoy en Catalunya es el de la supervivencia de la libertad y el derecho.

Ganar elecciones o gobernar.

Artículo publicado en ABC.

Con la proliferación de partidos políticos de los últimos años vemos que hay partidos cuyo principal objetivo es ganar representación o cuota de poder, incluso ganar elecciones, y otros cuyo objetivo es influir en las transformaciones de la sociedad para mejorar la calidad de vida de las personas, para los que, ganar elecciones, no es una finalidad en sí misma, sino un camino hacia la capacidad de transformar la sociedad a través de la acción de gobierno.

Sin ningún tipo de duda el Partido Popular somos de éstos últimos que además, son los únicos útiles a la sociedad, por eso podemos afirmar que habiendo quedado segundos en éstas elecciones generales, las hemos perdido, porque hemos perdido la capacidad de gobernar o influir en el gobierno para contribuir al bienestar de la sociedad.

Esta visión contrasta con la de aquellos que habiendo obtenido incluso menos apoyos y menos representación que el propio Partido Popular, consideran que han salido victoriosos de ésta contienda electoral por el simple hecho de obtener mayor representación que en anteriores convocatorias, olvidando que la victoria o la derrota se mide por la capacidad de gobernar o al menos de influir en el Gobierno.

Sin duda que es nuestra única responsabilidad transmitir con el acierto necesario las propuestas para la sociedad, y hacernos acreedores de la confianza de las personas para hacerlas realidad a través de mayorías de gobierno suficientes, pero también nuestra obligación denunciar aquellas gestas cuasi heroicas que devienen, más que inútiles, útiles para los adversarios comunes, como ha sucedido en estas elecciones generales.

En pocos días se inicia una nueva campaña electoral, elecciones municipales y europeas, y una vez más el Partido Popular nos presentamos, sí, con el objetivo de obtener los mejores resultados posibles, pero para llevar a la práctica a través de los gobiernos todas aquellas propuestas de mejora de calidad de vida de nuestros vecinos, y por lo tanto ser útiles a la sociedad.

Debemos recordar que unas elecciones, no son una suerte de competición que se realizan un día, sino una decisión cuyas consecuencias se prolongan a lo largo de cuatro años, o cinco en el caso de las europeas.

Contra el racismo y la xenofobia, pero…

Artículo publicado en ABC.

El pasado lunes todos los partidos con representación en el Parlament de Catalunya firmamos un documento de voluntades contra el racismo y la xenofobia. El documento en sí se basa en el rechazo de la discriminación y el odio contra la inmigración, aun así las intervenciones de los distintos grupos dejaron entrever variadas interpretaciones.

El Partido Popular nos centramos en constatar una realidad: la gestión de la inmigración a partir únicamente de los derechos esconde ciertos riesgos. Y solo desde la comprensión y el abordaje de estos riesgos, y desde la exigencia de los correspondientes deberes, el fenómeno migratorio redundará en oportunidades tanto para estas personas como para la comunidad de acogida. En nuestra sociedad la inmigración es necesaria, pero no de cualquier manera, ni a cualquier precio, ni cerrando los ojos a las dificultades que comporta. Defendemos la inmigración ordenada, con derechos pero también con deberes.

Otros grupos políticos centraron sus razones en el “racismo institucional” y el “racismo de las leyes”, conceptos de los que discrepamos profundamente, ya que solo aquellos que pretender derrocar el sistema democrático, pueden considerar las instituciones democráticas o las propias leyes también democráticas, como fuente de racismo. No es racismo ni xenofobia que en las elecciones españolas puedan votar los españoles y los extranjeros comunitarios o con acuerdos de reciprocidad con sus respectivos países de origen, tampoco es racismo ni xenofobia prohibir y perseguir la venta ilegal de productos ilegales en las calles en competencia con los establecimientos que pagan sus impuestos y cumplen las leyes, por citar solo dos ejemplos que fueron reivindicados en dicho acto.

Finalmente, aquellos partidos que llevan años usando las instituciones -Govern, Parlament…- con el propósito de convertir en extranjeros en Catalunya a buena parte de catalanes, sí catalanes y españoles que no somos independentistas y no queremos elegir entre una u otra pertenencia, porque son intrínsecamente compatibles, son los que se atreven a acusar a otras fuerzas políticas de racistas y xenófobas.

Sin que sirva de precedente, en esta ocasión el Govern se mantuvo al margen de lecturas interesadas, se limitó a lo estrictamente necesario y ello posibilitó el acuerdo. Pero a la vista de las distintas interpretaciones, el acuerdo es frágil.

Elecciones generales en clave catalana

Artículo publicado en ABC.

Hace unas pocas semanas en estas mismas páginas apuntaba la agonía que respiraban las legislaturas tanto catalana como española; pocas horas más tarde Pedro Sanchez, anunciaba la disolución de las Cortes, debido a la falta de apoyos -de los independentistas- a su propuesta de presupuestos. Aprendida la lección andaluza Sanchez tomó nota y rompió con quienes le tenían rehén de su moción de censura.

Estas elecciones generales son fundamentales para Catalunya, en primer lugar porque los catalanes seguimos sin Gobierno ya que Torra y compañía están solo a lo que están, es decir, al juicio, a rendir pleitesía a los fugados, y a ir pasando el tiempo a la espera de una nueva oportunidad para asestar un nuevo golpe. Tampoco es ninguna novedad, así lo expresan sin tapujos cada vez que tienen oportunidad.

Pero en segundo lugar, porque si la gobernabilidad de España vuelve a quedar en manos de los independentistas catalanes, estos continuaran albergando esperanzas de que un Gobierno débil o sumiso en España, que es lo que ha representado Sanchez los últimos meses, les pueda facilitar sus objetivos secesionistas, y esto no es deseable ni para los catalanes, ni para el conjunto de España.

Los catalanes, todos, incluidos los secesionistas, seguimos sufriendo la falta de lealtad de un Govern que sigue teniendo la responsabilidad de gestionar nuestros servicios públicos, sin poner demasiado, por no decir ningún, empeño. Han renunciado incluso a aquello fundamental que es priorizar y asignar recursos a través de unos presupuestos: será el segundo año consecutivo, cuarto desde el inicio del dichoso procés, sin presupuestos, en esta ocasión sin ni siquiera presentarlos para evitar que se visualice la falta de apoyos parlamentarios.

Es imprescindible que tras las próximas elecciones generales haya en España un Gobierno que sepa leer lo que ocurre en Catalunya y tenga el coraje de adoptar aquellas medidas necesarias para que los catalanes recuperemos un Govern, que se debe ocupar de lo que nos preocupa a todos, secesionistas o no, sobre todo con lealtad a los catalanes. Así lo entendemos en el Partido Popular, así lo entiende Pablo Casado.

Agónicas legislaturas


Artículo publicado en ABC.

Se ha instalado en la opinión pública que el Parlament de Catalunya está prácticamente cerrado y no cumple con sus funciones. Si bien estrictamente, es una afirmación falsa, no deja de ser cierto que el interés de la mayoría parlamentaria no es que la legislatura transcurra con cierta normalidad, de hecho repiten insaciablemente que estamos en una situación de excepcionalidad y los hechos así lo demuestran, y no por la situación judicial de los miembros del anterior Govern o de la Mesa del Parlament, sino al interés de la mayoría separatista de utilizar las instituciones de forma partidista y en esta situación se encuentra no sólo el Parlament, sino también el Govern y otras instituciones catalanas que ahora no vienen al caso.

El Govern administra el día a día sin ninguna otra ambición, quizás el ejemplo más ilustrativo es la ausencia de proyecto de presupuestos, la ley más importante de cualquier gobierno, donde fija sus prioridades y asigna recursos. El Parlament tramita alguno de los proyectos legislativos trasladados por el Govern, pero el énfasis está en otros sitios, por ejemplo, en las comisiones de investigación tan peregrinas como sobre los atentados de Barcelona, el proyecto Castor, la aplicación del artículo 155 y la que se avecina con la de “las actividades ilegales de la Monarquía”, que como todo el mundo sabe son competencias de la Generalitat.

Entre bastidores independentistas, el rifirrafe está en cuándo convocar nuevas elecciones: durante o al final del juicio, después de la sentencia, cuando al President huido le vaya bien o cuando le apetezca al President provisional, porque lo que está claro es que, gobernar, que es la función que tienen encargada, no les apetece para nada.

En ésta tesitura se encuentra también el Gobierno de Pedro Sánchez, básicamente porque su continuidad depende de la continuidad del Govern independentista, si bien ha presentado proyecto de presupuestos, su aprobación está en las mismas manos que le confiaron de forma envenenada como Presidente.

Ambas legislaturas agonizan a la espera de algún desencadenante que propicie nuevas elecciones que, al menos permitan a la ciudadanía vislumbrar un horizonte más prometedor que el actual.

El dedo y la luna

Artículo publicado en ABC.

El dedo: en los últimos años, la política catalana vive inmersa en el bucle del “procés” del que, hasta hoy, hemos sido incapaces de salir; todo gira alrededor de los presos, de los fugados, de la república imaginaria y de su lejano “consell”, del prueba comidas del expresident, de imaginarias teorías conspiradoras hasta en los juzgados, nada más preocupa ni ocupa al Govern, ni a los actores políticos independentistas, cualquier otro aspecto de la vida de los catalanes es circunstancial y está sometido al futuro de la presunta república: todo el Govern, y todos los recursos de que dispone, y son muchos, están orientados al dedo.

Y la luna: pero mientras tanto, siguen habiendo miles y miles de catalanes que madrugan cada día –sin ser millonarios entrenadores de fútbol- para ganarse la vida, sostener a sus familias y hacer crecer económicamente la sociedad catalana, sin olvidar otros miles, afortunadamente cada vez menos, que siguen buscando oportunidades de trabajo.

Pues mientras unos están ocupados siguiendo el dedo del “procés”, otros ven como, mientras la luna avanza, se deterioran lentamente las condiciones de competitividad económica de nuestra sociedad sin que nadie les preste demasiada atención: Catalunya es ya la comunidad menos competitiva fiscalmente; importantes caídas sostenidas de la inversión extranjera; la exportación sigue creciendo pero a ritmos muy inferiores a los de los últimos años; cae la creación de empresas y la inversión; los principales países emisores de turismo advierten de riesgos de conflictos –no solo terrorismo- de Barcelona; cae el turismo español hacia Catalunya; y podríamos seguir, todo con un denominador común: la inestabilidad política y la inseguridad jurídica que provoca un proyecto político incierto.

Sí, ya sé que a menudo esto de preocuparse de la evolución de la economía es muy de derechas, pero al fin, el crecimiento de la economía son puestos de trabajo, y el trabajo es la mejor forma de mejorar el bienestar de los ciudadanos y de la sociedad tan de derechas como de izquierdas.

Mientras la luna sigue inexorablemente su camino, una parte de la sociedad catalana sigue con su mirada el dedo que se mueve al son de los intereses partidistas del proceso.

Empantanados

Artículo publicado en ABC.

Lo sucedido en los últimos meses en el Parlament, y por extensión en la política catalana, muestra una vez más que en Catalunya será difícil recuperar una cierta normalidad en algún tiempo.

Primero fue el intento de investir President, un fugado, luego investigados en prisión preventiva, luego los Consellers, y solo se desbloqueó esa situación con la moción de censura de Pedro Sánchez. Lejos de mejorar la situación, empeora, los secesionistas toman oxígeno a partir de ese momento, y aunque formalmente haya un President y un Govern, solo hay postureo, agitación y alguna muestra preocupante de saciedad que se visualizó con el intento de asalto del Parlament.

No hay política, ni interés en ella, solo así se explica que los de Puigdemont renuncien a los cuatros votos que les da mayoría absoluta en el Parlament, aún habiendo acomodado las normas a su interés. Empantanados, condenados al empate, siempre que los de Podemos no les echen una mano y ya han dado repetidas muestras de estar dispuestos a ello, como ya han demostrado con la infame reprobación al Rey.

Que los catalanes seamos los españoles que tenemos las listas de espera más largas en la sanidad pública, o con más barracones como escuelas, o con más dependientes pendientes de prestaciones, solo por citar los problemas más acuciantes que jamás han merecido la opinión del President, al que solo le ocupa que los comandos revolucionarios aprieten, que salgan los presos y la república entre bolivariana e imaginaria que algunos tienen en la cabeza.

Pero delante, los constitucionalistas, también estamos empantanados: se podrá estar más o menos de acuerdo con las medidas que el Gobierno de España de PP fue adoptando, pero se adoptaron, incluso de común acuerdo con PSOE y Ciudadanos, y ello propició una cierta unidad de acción en Catalunya, que hoy es inexistente.

Pedro Sánchez decidió que para lo de Catalunya no necesita ni a PP ni a Ciudadanos, probablemente condicionado por los apoyos a su moción de censura, y además parece que consideran que lo que pasa en Catalunya es “asumible”. Ciudadanos ya consiguió su único objetivo, ganar.

Hoy los catalanes no independentistas esperan algo más de nosotros, pero o entendemos que es cosa de todos los partidos, o seguiremos empantanados.

Cien días y pico

Artículo publicado en ABC.

Era innecesario esperar los 100 días de gracia del nuevo Govern para ver cual es su propósito. El President parcial de Catalunya, Torra -que solo ejerce su cargo para los independentistas- ya anunció el primer día cuáles eran sus intenciones. El único que parece no haberse enterado es Pedro Sánchez, no sea que le fastidien su particular campaña electoral.

El presunto diálogo con los dirigentes independentistas no tiene absolutamente ninguna probabilidad de alcanzar un mínimo común, porque no les interesa ni la sanidad, ni la educación, ni la seguridad, ni la financiación, ni las infraestructuras. Solo quieren hablar de lo suyo y de los suyos, de nada más. Por eso también cierran el Parlament, para no tener que escuchar voces discrepantes, a veces, incluso las suyas propias. Mientras, siguen alimentando la confrontación haciendo ver que es cosa de los demás, nada más. Más de 100 días de Govern y no se gobierna, se viaja a cárceles, a Berlín, a Bruselas, y sigue sin haber el menor atisbo de que intenten tomar una sola iniciativa dirigida a los catalanes. A todos, claro, porque ellos a los “fachas” -o sea, a los discrepantes- no nos cuentan como catalanes.

Torra no solo ha prometido atacar al Estado, también un otoño caliente y efemérides no le van a faltar: van a celebrar el 11-S, el 1-O, el 27-O, el 9-N y de por medio el juicio. Esta misma semana va a explicitar aún más sus únicas intenciones: más desobediencia y más ruptura, a no ser que Pedro Sanchez se avenga a negociar un referéndum de autodeterminación.

Sólo acierto a vislumbrar dos posibles escenarios: nuevas elecciones con desafíos similares, con un Puigdemont volviéndolo a intentar antes de que pueda ser inhabilitado; o bien que ante el desafío, la falta de lealtad y la desobediencia, Pedro Sánchez sea vea obligado, sobre todo por los suyos, a plantear la aplicación de un nuevo 155. En cualquier caso, la probabilidad de que antes de que termine el año no pase nada tiende a cero, pero sólo tiende, dejando un pequeño resquicio para la esperanza de que se recupere el sentido común.

Se busca traidor

Artículo publicado en ABC.

Hace unas muy pocas semanas advertía es estas mismas páginas de las dificultades del diálogo y la negociación con los dirigentes secesionistas y apuntaba a la previa necesidad de un compromiso de lealtad con los catalanes y con el estado de derecho. Hoy, después de los espectáculos brindados, desde Tarragona hasta Washington por el President de los separatistas –del resto de catalanes ha renunciado-, creo que se han hecho más nítidas y evidentes las dificultades de intentar resolver un conflicto cuando una parte, la misma que ha creado el conflicto, no tiene el más mínimo interés de resolver absolutamente nada, sino que persiste en mantener el conflicto.

Alguien, ni que sea el Presidente del Gobierno de España, puede pensar que posicionarse o simplemente opinar sobre los despropósitos de Torra, puede dificultar el diálogo, pero se equivoca porque lo que dificulta el diálogo es persistir en el error de pensar que Catalunya ya es una república aunque nadie la reconozca, y aunque solo se lo crean los afectos al régimen. Que no se engañe Pedro Sánchez porque aquí en Catalunya dicen y repiten hasta la saciedad el mantra de que ya están en la República, porque ganaron un referéndum; vaya, como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.

La disposición al diálogo debe existir siempre, pero ello no debe significar la disposición a tragar con cualquier escenario, por muy escuálidos que sean los apoyos parlamentarios. Es evidente que Sánchez le debe a los secesionistas la factura del acceso a la Moncloa por la puerta de atrás, pero se lo debe él, no los españoles, y menos aún los catalanes.

Pero eso no es todo, además el independentismo tiene un grave problema de liderazgo –Torra no es más que un trampantojo de Puigdemont-, y eso supone una incapacidad absoluta de siquiera intentar llegar a ningún de acuerdo que, aunque no es su voluntad, le pueda presentar ante la sociedad que han empujado al secesionismo como un traidor a la causa, y ese es el auténtico drama: ¿quién es ahora el traidor que reconoce que han conducido a dos millones de catalanes a un callejón sin salida?