Ganar elecciones o gobernar.

Artículo publicado en ABC.

Con la proliferación de partidos políticos de los últimos años vemos que hay partidos cuyo principal objetivo es ganar representación o cuota de poder, incluso ganar elecciones, y otros cuyo objetivo es influir en las transformaciones de la sociedad para mejorar la calidad de vida de las personas, para los que, ganar elecciones, no es una finalidad en sí misma, sino un camino hacia la capacidad de transformar la sociedad a través de la acción de gobierno.

Sin ningún tipo de duda el Partido Popular somos de éstos últimos que además, son los únicos útiles a la sociedad, por eso podemos afirmar que habiendo quedado segundos en éstas elecciones generales, las hemos perdido, porque hemos perdido la capacidad de gobernar o influir en el gobierno para contribuir al bienestar de la sociedad.

Esta visión contrasta con la de aquellos que habiendo obtenido incluso menos apoyos y menos representación que el propio Partido Popular, consideran que han salido victoriosos de ésta contienda electoral por el simple hecho de obtener mayor representación que en anteriores convocatorias, olvidando que la victoria o la derrota se mide por la capacidad de gobernar o al menos de influir en el Gobierno.

Sin duda que es nuestra única responsabilidad transmitir con el acierto necesario las propuestas para la sociedad, y hacernos acreedores de la confianza de las personas para hacerlas realidad a través de mayorías de gobierno suficientes, pero también nuestra obligación denunciar aquellas gestas cuasi heroicas que devienen, más que inútiles, útiles para los adversarios comunes, como ha sucedido en estas elecciones generales.

En pocos días se inicia una nueva campaña electoral, elecciones municipales y europeas, y una vez más el Partido Popular nos presentamos, sí, con el objetivo de obtener los mejores resultados posibles, pero para llevar a la práctica a través de los gobiernos todas aquellas propuestas de mejora de calidad de vida de nuestros vecinos, y por lo tanto ser útiles a la sociedad.

Debemos recordar que unas elecciones, no son una suerte de competición que se realizan un día, sino una decisión cuyas consecuencias se prolongan a lo largo de cuatro años, o cinco en el caso de las europeas.

Contra el racismo y la xenofobia, pero…

Artículo publicado en ABC.

El pasado lunes todos los partidos con representación en el Parlament de Catalunya firmamos un documento de voluntades contra el racismo y la xenofobia. El documento en sí se basa en el rechazo de la discriminación y el odio contra la inmigración, aun así las intervenciones de los distintos grupos dejaron entrever variadas interpretaciones.

El Partido Popular nos centramos en constatar una realidad: la gestión de la inmigración a partir únicamente de los derechos esconde ciertos riesgos. Y solo desde la comprensión y el abordaje de estos riesgos, y desde la exigencia de los correspondientes deberes, el fenómeno migratorio redundará en oportunidades tanto para estas personas como para la comunidad de acogida. En nuestra sociedad la inmigración es necesaria, pero no de cualquier manera, ni a cualquier precio, ni cerrando los ojos a las dificultades que comporta. Defendemos la inmigración ordenada, con derechos pero también con deberes.

Otros grupos políticos centraron sus razones en el “racismo institucional” y el “racismo de las leyes”, conceptos de los que discrepamos profundamente, ya que solo aquellos que pretender derrocar el sistema democrático, pueden considerar las instituciones democráticas o las propias leyes también democráticas, como fuente de racismo. No es racismo ni xenofobia que en las elecciones españolas puedan votar los españoles y los extranjeros comunitarios o con acuerdos de reciprocidad con sus respectivos países de origen, tampoco es racismo ni xenofobia prohibir y perseguir la venta ilegal de productos ilegales en las calles en competencia con los establecimientos que pagan sus impuestos y cumplen las leyes, por citar solo dos ejemplos que fueron reivindicados en dicho acto.

Finalmente, aquellos partidos que llevan años usando las instituciones -Govern, Parlament…- con el propósito de convertir en extranjeros en Catalunya a buena parte de catalanes, sí catalanes y españoles que no somos independentistas y no queremos elegir entre una u otra pertenencia, porque son intrínsecamente compatibles, son los que se atreven a acusar a otras fuerzas políticas de racistas y xenófobas.

Sin que sirva de precedente, en esta ocasión el Govern se mantuvo al margen de lecturas interesadas, se limitó a lo estrictamente necesario y ello posibilitó el acuerdo. Pero a la vista de las distintas interpretaciones, el acuerdo es frágil.

Elecciones generales en clave catalana

Artículo publicado en ABC.

Hace unas pocas semanas en estas mismas páginas apuntaba la agonía que respiraban las legislaturas tanto catalana como española; pocas horas más tarde Pedro Sanchez, anunciaba la disolución de las Cortes, debido a la falta de apoyos -de los independentistas- a su propuesta de presupuestos. Aprendida la lección andaluza Sanchez tomó nota y rompió con quienes le tenían rehén de su moción de censura.

Estas elecciones generales son fundamentales para Catalunya, en primer lugar porque los catalanes seguimos sin Gobierno ya que Torra y compañía están solo a lo que están, es decir, al juicio, a rendir pleitesía a los fugados, y a ir pasando el tiempo a la espera de una nueva oportunidad para asestar un nuevo golpe. Tampoco es ninguna novedad, así lo expresan sin tapujos cada vez que tienen oportunidad.

Pero en segundo lugar, porque si la gobernabilidad de España vuelve a quedar en manos de los independentistas catalanes, estos continuaran albergando esperanzas de que un Gobierno débil o sumiso en España, que es lo que ha representado Sanchez los últimos meses, les pueda facilitar sus objetivos secesionistas, y esto no es deseable ni para los catalanes, ni para el conjunto de España.

Los catalanes, todos, incluidos los secesionistas, seguimos sufriendo la falta de lealtad de un Govern que sigue teniendo la responsabilidad de gestionar nuestros servicios públicos, sin poner demasiado, por no decir ningún, empeño. Han renunciado incluso a aquello fundamental que es priorizar y asignar recursos a través de unos presupuestos: será el segundo año consecutivo, cuarto desde el inicio del dichoso procés, sin presupuestos, en esta ocasión sin ni siquiera presentarlos para evitar que se visualice la falta de apoyos parlamentarios.

Es imprescindible que tras las próximas elecciones generales haya en España un Gobierno que sepa leer lo que ocurre en Catalunya y tenga el coraje de adoptar aquellas medidas necesarias para que los catalanes recuperemos un Govern, que se debe ocupar de lo que nos preocupa a todos, secesionistas o no, sobre todo con lealtad a los catalanes. Así lo entendemos en el Partido Popular, así lo entiende Pablo Casado.

Agónicas legislaturas


Artículo publicado en ABC.

Se ha instalado en la opinión pública que el Parlament de Catalunya está prácticamente cerrado y no cumple con sus funciones. Si bien estrictamente, es una afirmación falsa, no deja de ser cierto que el interés de la mayoría parlamentaria no es que la legislatura transcurra con cierta normalidad, de hecho repiten insaciablemente que estamos en una situación de excepcionalidad y los hechos así lo demuestran, y no por la situación judicial de los miembros del anterior Govern o de la Mesa del Parlament, sino al interés de la mayoría separatista de utilizar las instituciones de forma partidista y en esta situación se encuentra no sólo el Parlament, sino también el Govern y otras instituciones catalanas que ahora no vienen al caso.

El Govern administra el día a día sin ninguna otra ambición, quizás el ejemplo más ilustrativo es la ausencia de proyecto de presupuestos, la ley más importante de cualquier gobierno, donde fija sus prioridades y asigna recursos. El Parlament tramita alguno de los proyectos legislativos trasladados por el Govern, pero el énfasis está en otros sitios, por ejemplo, en las comisiones de investigación tan peregrinas como sobre los atentados de Barcelona, el proyecto Castor, la aplicación del artículo 155 y la que se avecina con la de “las actividades ilegales de la Monarquía”, que como todo el mundo sabe son competencias de la Generalitat.

Entre bastidores independentistas, el rifirrafe está en cuándo convocar nuevas elecciones: durante o al final del juicio, después de la sentencia, cuando al President huido le vaya bien o cuando le apetezca al President provisional, porque lo que está claro es que, gobernar, que es la función que tienen encargada, no les apetece para nada.

En ésta tesitura se encuentra también el Gobierno de Pedro Sánchez, básicamente porque su continuidad depende de la continuidad del Govern independentista, si bien ha presentado proyecto de presupuestos, su aprobación está en las mismas manos que le confiaron de forma envenenada como Presidente.

Ambas legislaturas agonizan a la espera de algún desencadenante que propicie nuevas elecciones que, al menos permitan a la ciudadanía vislumbrar un horizonte más prometedor que el actual.

El dedo y la luna

Artículo publicado en ABC.

El dedo: en los últimos años, la política catalana vive inmersa en el bucle del “procés” del que, hasta hoy, hemos sido incapaces de salir; todo gira alrededor de los presos, de los fugados, de la república imaginaria y de su lejano “consell”, del prueba comidas del expresident, de imaginarias teorías conspiradoras hasta en los juzgados, nada más preocupa ni ocupa al Govern, ni a los actores políticos independentistas, cualquier otro aspecto de la vida de los catalanes es circunstancial y está sometido al futuro de la presunta república: todo el Govern, y todos los recursos de que dispone, y son muchos, están orientados al dedo.

Y la luna: pero mientras tanto, siguen habiendo miles y miles de catalanes que madrugan cada día –sin ser millonarios entrenadores de fútbol- para ganarse la vida, sostener a sus familias y hacer crecer económicamente la sociedad catalana, sin olvidar otros miles, afortunadamente cada vez menos, que siguen buscando oportunidades de trabajo.

Pues mientras unos están ocupados siguiendo el dedo del “procés”, otros ven como, mientras la luna avanza, se deterioran lentamente las condiciones de competitividad económica de nuestra sociedad sin que nadie les preste demasiada atención: Catalunya es ya la comunidad menos competitiva fiscalmente; importantes caídas sostenidas de la inversión extranjera; la exportación sigue creciendo pero a ritmos muy inferiores a los de los últimos años; cae la creación de empresas y la inversión; los principales países emisores de turismo advierten de riesgos de conflictos –no solo terrorismo- de Barcelona; cae el turismo español hacia Catalunya; y podríamos seguir, todo con un denominador común: la inestabilidad política y la inseguridad jurídica que provoca un proyecto político incierto.

Sí, ya sé que a menudo esto de preocuparse de la evolución de la economía es muy de derechas, pero al fin, el crecimiento de la economía son puestos de trabajo, y el trabajo es la mejor forma de mejorar el bienestar de los ciudadanos y de la sociedad tan de derechas como de izquierdas.

Mientras la luna sigue inexorablemente su camino, una parte de la sociedad catalana sigue con su mirada el dedo que se mueve al son de los intereses partidistas del proceso.

Empantanados

Artículo publicado en ABC.

Lo sucedido en los últimos meses en el Parlament, y por extensión en la política catalana, muestra una vez más que en Catalunya será difícil recuperar una cierta normalidad en algún tiempo.

Primero fue el intento de investir President, un fugado, luego investigados en prisión preventiva, luego los Consellers, y solo se desbloqueó esa situación con la moción de censura de Pedro Sánchez. Lejos de mejorar la situación, empeora, los secesionistas toman oxígeno a partir de ese momento, y aunque formalmente haya un President y un Govern, solo hay postureo, agitación y alguna muestra preocupante de saciedad que se visualizó con el intento de asalto del Parlament.

No hay política, ni interés en ella, solo así se explica que los de Puigdemont renuncien a los cuatros votos que les da mayoría absoluta en el Parlament, aún habiendo acomodado las normas a su interés. Empantanados, condenados al empate, siempre que los de Podemos no les echen una mano y ya han dado repetidas muestras de estar dispuestos a ello, como ya han demostrado con la infame reprobación al Rey.

Que los catalanes seamos los españoles que tenemos las listas de espera más largas en la sanidad pública, o con más barracones como escuelas, o con más dependientes pendientes de prestaciones, solo por citar los problemas más acuciantes que jamás han merecido la opinión del President, al que solo le ocupa que los comandos revolucionarios aprieten, que salgan los presos y la república entre bolivariana e imaginaria que algunos tienen en la cabeza.

Pero delante, los constitucionalistas, también estamos empantanados: se podrá estar más o menos de acuerdo con las medidas que el Gobierno de España de PP fue adoptando, pero se adoptaron, incluso de común acuerdo con PSOE y Ciudadanos, y ello propició una cierta unidad de acción en Catalunya, que hoy es inexistente.

Pedro Sánchez decidió que para lo de Catalunya no necesita ni a PP ni a Ciudadanos, probablemente condicionado por los apoyos a su moción de censura, y además parece que consideran que lo que pasa en Catalunya es “asumible”. Ciudadanos ya consiguió su único objetivo, ganar.

Hoy los catalanes no independentistas esperan algo más de nosotros, pero o entendemos que es cosa de todos los partidos, o seguiremos empantanados.

Cien días y pico

Artículo publicado en ABC.

Era innecesario esperar los 100 días de gracia del nuevo Govern para ver cual es su propósito. El President parcial de Catalunya, Torra -que solo ejerce su cargo para los independentistas- ya anunció el primer día cuáles eran sus intenciones. El único que parece no haberse enterado es Pedro Sánchez, no sea que le fastidien su particular campaña electoral.

El presunto diálogo con los dirigentes independentistas no tiene absolutamente ninguna probabilidad de alcanzar un mínimo común, porque no les interesa ni la sanidad, ni la educación, ni la seguridad, ni la financiación, ni las infraestructuras. Solo quieren hablar de lo suyo y de los suyos, de nada más. Por eso también cierran el Parlament, para no tener que escuchar voces discrepantes, a veces, incluso las suyas propias. Mientras, siguen alimentando la confrontación haciendo ver que es cosa de los demás, nada más. Más de 100 días de Govern y no se gobierna, se viaja a cárceles, a Berlín, a Bruselas, y sigue sin haber el menor atisbo de que intenten tomar una sola iniciativa dirigida a los catalanes. A todos, claro, porque ellos a los “fachas” -o sea, a los discrepantes- no nos cuentan como catalanes.

Torra no solo ha prometido atacar al Estado, también un otoño caliente y efemérides no le van a faltar: van a celebrar el 11-S, el 1-O, el 27-O, el 9-N y de por medio el juicio. Esta misma semana va a explicitar aún más sus únicas intenciones: más desobediencia y más ruptura, a no ser que Pedro Sanchez se avenga a negociar un referéndum de autodeterminación.

Sólo acierto a vislumbrar dos posibles escenarios: nuevas elecciones con desafíos similares, con un Puigdemont volviéndolo a intentar antes de que pueda ser inhabilitado; o bien que ante el desafío, la falta de lealtad y la desobediencia, Pedro Sánchez sea vea obligado, sobre todo por los suyos, a plantear la aplicación de un nuevo 155. En cualquier caso, la probabilidad de que antes de que termine el año no pase nada tiende a cero, pero sólo tiende, dejando un pequeño resquicio para la esperanza de que se recupere el sentido común.

Se busca traidor

Artículo publicado en ABC.

Hace unas muy pocas semanas advertía es estas mismas páginas de las dificultades del diálogo y la negociación con los dirigentes secesionistas y apuntaba a la previa necesidad de un compromiso de lealtad con los catalanes y con el estado de derecho. Hoy, después de los espectáculos brindados, desde Tarragona hasta Washington por el President de los separatistas –del resto de catalanes ha renunciado-, creo que se han hecho más nítidas y evidentes las dificultades de intentar resolver un conflicto cuando una parte, la misma que ha creado el conflicto, no tiene el más mínimo interés de resolver absolutamente nada, sino que persiste en mantener el conflicto.

Alguien, ni que sea el Presidente del Gobierno de España, puede pensar que posicionarse o simplemente opinar sobre los despropósitos de Torra, puede dificultar el diálogo, pero se equivoca porque lo que dificulta el diálogo es persistir en el error de pensar que Catalunya ya es una república aunque nadie la reconozca, y aunque solo se lo crean los afectos al régimen. Que no se engañe Pedro Sánchez porque aquí en Catalunya dicen y repiten hasta la saciedad el mantra de que ya están en la República, porque ganaron un referéndum; vaya, como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.

La disposición al diálogo debe existir siempre, pero ello no debe significar la disposición a tragar con cualquier escenario, por muy escuálidos que sean los apoyos parlamentarios. Es evidente que Sánchez le debe a los secesionistas la factura del acceso a la Moncloa por la puerta de atrás, pero se lo debe él, no los españoles, y menos aún los catalanes.

Pero eso no es todo, además el independentismo tiene un grave problema de liderazgo –Torra no es más que un trampantojo de Puigdemont-, y eso supone una incapacidad absoluta de siquiera intentar llegar a ningún de acuerdo que, aunque no es su voluntad, le pueda presentar ante la sociedad que han empujado al secesionismo como un traidor a la causa, y ese es el auténtico drama: ¿quién es ahora el traidor que reconoce que han conducido a dos millones de catalanes a un callejón sin salida?

¿Diálogo y negociación?

Artículo publicado por ABC.

Después de la nueva formación del nuevo Gobierno de España, no falta quien cree que el problema generado por los secesionistas catalanes se puede resolver mediante el diálogo y una negociación que lleve a un nuevo marco institucional y de financiación; y es posible que ese sea el camino, pero es imprescindible apuntar algunos elementos que debemos considerar.

No olvidemos que para los separatistas no hay un problema de reparto de competencias, sencillamente, las quieren todas; tampoco hay un problema de financiación ni de recursos económicos, los quieren todos; y tampoco es un problema de relación política entre Catalunya y el resto de España, porque no quieren ninguna relación política. Es que esa es precisamente la definición de separatista.

Así, el principal problema está en qué, una parte de los catalanes quieren imponer a la otra su visión reduccionista de Catalunya, pero no solo a los catalanes, también a los españoles y de paso a los europeos.

No está de más, recordar que esta misma semana en el Parlament, el nuevo President de la Generalitat ha explicitado cuáles son los temas que quiere dialogar con el nuevo Gobierno de España: la situación de los políticos presos y fugados, y la autodeterminación de Catalunya para dar cumplimiento al mandato del presunto referéndum del 1-O. Nada nuevo en el horizonte, por esto ha fracasado hasta hoy la oferta de diálogo de los gobiernos de Rajoy.

Para abordar la resolución del conflicto generado es imprescindible un compromiso de lealtad, en primer lugar con el conjunto de la sociedad catalana a la que se ha mentido reiteradamente desde el inicio del proceso independentista, pero sobretodo lealtad con una cosa tan elemental como el estado de derecho, la legalidad, incluso con la propia legalidad catalana que también se ha visto vulnerada. No se trata de que nadie renuncie a sus objetivos políticos, se trata de que todos nos comprometamos con la ley.

Solo si se cumple esta premisa, se puede abordar desde el diálogo y la negociación como nos organizamos, pero no para satisfacer a los políticos, sino para satisfacer la sociedad a la que servimos.

Un President, ¿provisional?

Fruto de la imaginación que le ponen al relato separatista, se ha venido a denominar la Presidencia de Quim Torra, como provisional. Se basan en la falsa realidad de que Puigdemont continúa siendo President y en que el principal objetivo del sucesor no es otro que reestablecer al anterior: una vez más el separatismo se mueve en recrear un ambiente ficticio que es lo que sustenta ese relato que nos debería llevar a los catalanes a tener helado de postre cada día.

Oídas las intervenciones en las sesiones de investidura, conocido el pensamiento y opinión del nuevo President expresados en sus artículos, ciertamente que más bien poco podemos esperar de su acción de Gobierno. Conoceremos en breve la composición del Gobierno que será la siguiente prueba de sus verdaderas intenciones, la primera ya la expresó en su toma de posesión ignorando la arquitectura del Estado y asumiendo en exclusividad la única autoridad de un Parlamento con una, también ficticia, mayoría independentista.

Un Gobierno con consejeros que, atendiendo a su situación procesal, no tendrán ninguna capacidad de actuar como tales, demostraría que su único propósito es mantener el desafío a la democracia y al Estado de derecho que es lo que seguramente le preocupa a él, pero en ningún caso serviría para resolver los problemas y mejorar la calidad de vida de los catalanes, que es para lo que debería servir un Gobierno y la política.

Si los propósitos del nuevo Gobierno son los expresados por el President como desarrollar una república catalana que no existe, bajo la dirección de un consejo de la república que tampoco no existe, elaborando una constitución catalana bajo la dirección de una presunta asamblea de cargos electos exclusivamente separatistas cuyo objetivo es suplantar el Parlamento -y de paso acallar las voces críticas-, todo ello sustentado en el mandato inexistente de un referéndum también inexistente, los catalanes, vamos camino inexorablemente de nuevas acciones por parte del estado para reestablecer la democracia y la libertad, que es lo que está en juego en Catalunya.

Así pues, vistos los (des)propósitos del President, el carácter de provisionalidad toma un sentido distinto, ya que podríamos estar ante un President breve: solo de él depende.