No es venganza, es justicia

Artículo publicado en ABC.

Dice Pedro Sánchez que él apuesta por la concordia y no por la venganza y no puedo estar más de acuerdo con la literalidad de la expresión, pero a la vez en desacuerdo a que los indultos a la independentistas condenados pueda considerarse un acto de concordia.

El diccionario de la lengua española, define concordia como “ajuste o convenio entre personas que contienden o litigan”, es decir que para apostar por la concordia es necesario que hayan personas –en plural- o por extensión partes, que ante una discrepancia alcanzan un convenio, que se entiende, debe satisfacer ambas partes.

El indulto que se propone lo es del Gobierno de España, hacia unos políticos condenados por sus actos, que son las partes, pero lo que no se ve por ningún lado es el convenio o el acuerdo que permitiría alcanzar la concordia: ningún reconocimiento a la antijuricidad de los hechos por los que han sido condenados; ninguna muestra de reconocimiento ni perdón por el perjuicio para los catalanes que sus actos constituyeron; ninguna conciencia de que vulneraron derechos de los catalanes –de todos, también de los secesionistas-; ninguna voluntad de enmienda –“lo volveremos a hacer”- y un nuevo Gobierno de la Generalitat que apuesta por un nuevo “embate democrático” dicen, paradójica expresión como si la fuerza de los golpes, tuvieran algo que ver con la democracia.

La ausencia de voluntad de concordia, convenio, acuerdo o ajuste de los independentistas, se remata no reconociendo los indultos como la solución a la contienda que ellos mantienen contra la sociedad catalana, y que ellos –ni los presos, ni su Gobierno- no sólo, no han pedido sino que incluso menosprecian.

Ante estas circunstancias, estamos ante un concepto inexistente como sería el de concordia unilateral, es decir, una concesión sin ninguna contraprestación, al menos conocida, o reconocida, lo que nos debe llevar a concluir que los indultos en éstas circunstancias no deben producirse, de lo contrario se deja sin castigo unas acciones que la justicia ya ha considerado punibles. No es venganza, “es la justicia, estúpido.”

LIBERTAD

Artículo publicado en ABC

A propósito de la campaña de las elecciones en la comunidad de Madrid, es importante cuestionarnos de si la libertad en Cataluña se encuentra en niveles deseados o no.

No me refiero a la misma libertad a la que apelan los secesionistas, más orientada a la impunidad que a otra cosa, sino al grado de libertad de la que gozamos en la sociedad catalana. Debemos constatar que estamos muy lejos de los niveles en los que se encuentran otras comunidades.

Más allá de la coacción ambiental a la que los independentistas someten a los que no lo somos, lo que debe ser considerado una cuestión fundamental en la valoración de la libertad, encontramos demasiados ejemplos que deberían preocupar al conjunto de la sociedad.

Sin ir más lejos, la gestión catalana de la pandemia está significando un ataque sin precedentes a numerosos sectores de la economía catalana, a menudo con decisiones más amparadas en prejuicios ideológicos que en argumentos sanitarios. Las duras restricciones horarias al sector de la restauración o los prolongados cierres, por ejemplo, de centros comerciales, contrastan con medidas adoptadas en otras comunidades, más orientadas a la prevención que no a las prohibiciones, muy del gusto de los gobernantes catalanes.

Sin duda alguna, la afectación sobre la economía implica cada vez más, una mayor cantidad de ciudadanos pendientes y dependientes del subsidio público, y en consecuencia, menos libres. Pero también incide en la necesidad de detraer mayores recursos, vía fiscalidad, empobreciendo directa e indirectamente al conjunto de la sociedad, y condicionando sus libertades.

Nada bueno hacen presagiar las negociaciones para la formación de un nuevo Gobierno en Cataluña, donde la prioridad no está ni en el bienestar, ni en la economía, ni mucho menos en la libertad, sino en la confrontación. Confrontación con los catalanes no independentistas, confrontación con el resto de España, mientras como el que no quiere la cosa, siguen cercenando nuestras libertades.

Debemos aprovechar el debate público que centra esta campaña en Madrid, para reivindicar también para Cataluña y los catalanes, mayores cuotas de libertad, que nos permitan recuperar el terreno y el tiempo perdidos.

Madrid no es el problema.

Artículo publicado por ABC.

Es posible que el acuerdo entre Sanchez, Iglesias y ERC para imponer una armonización fiscal a las comunidades haya sido una sorpresa para algunos ámbitos de la sociedad española, pero en ningún caso lo ha sido en Cataluña, donde los nacionalistas de ERC, pero también los herederos de Convergencia, se llamen como se llamen, llevan tiempo fijando su diana en aquellas comunidades que haciendo uso de su capacidad normativa en determinados tributos, consideran apropiada una política fiscal de bajo nivel, para favorecer el crecimiento económico. Y es en esa obsesión, que, como no, Madrid, en este caso la comunidad, es el centro de sus críticas.

Les ha bastado que en el Gobierno de España confluyeran dos circunstancias: unos partidos necesitados de votos en el Congreso para mantenerse en el Gobierno a cualquier precio; y unos gobernantes convencidos de que los impuestos bajos son malos… para ellos.

Pues no, están errados, una política fiscal de bajo perfil es imprescindible para propiciar el crecimiento económico, la creación de empleo, y por lo tanto una mayor y mejor redistribución de la riqueza que redunda en un mayor bienestar de la sociedad.

Por ese motivo, Madrid no es el problema. El problema lo tenemos los catalanes con un Govern que persiguiendo sus objetivos partidistas -recuerden las estructuras de Estado- incurre en más gastos de los que debería y necesita más ingresos para financiarlos, por lo que fríe a impuestos a los catalanes en perjuicio del crecimiento económico.

Cuando los catalanes, ahogados a impuestos, miramos a Madrid, lo hacemos con envidia. Unos, probablemente los menos, con el tipo de envidia que lleva a proponer ésta mal llamada armonización fiscal; otros con sana envidia, y con la esperanza de que pronto seamos capaces de cambiar de Gobierno para cambiar las políticas, también la fiscal. Empezemos por Catalunya.

Tercermundo digital

Artículo publicado por ABC.

Uno de los colectivos más afectados, no por la pandemia, pero sí por las decisiones que toman las administraciones, son los autónomos, por tratarse de las empresas más pequeñas, muchos sin empleados y sin más ambición que el autoempleo, otros con unos pocos empleados, pero que globalmente representan un volumen muy importante del empleo en nuestra sociedad. Sin ir más lejos, en Catalunya, son más de 500.000 los autoempleados como autónomos, que además suelen ser el eslabón más débil de nuestra economía ya que no suelen tener acceso a los grandes mecanismos de financiación.

Así, desde el primer día que se tuvieron que adoptar medidas de cierre de actividades para intentar contener la pandemia, han sido muchas y muy diversas las voces que han reclamado ayudas a éste colectivo, tanto por su debilidad financiera como por el impacto sobre el empleo.

Atendiendo a la escasez de ayudas se agradece que la Generalitat dedique 20 millones a autónomos, incluso puede haber buena voluntad cuando se distribuyen en concurrencia no competitiva, para que las ayudas lleguen con rapidez a sus destinatarios. Pero se debieron evaluar las consecuencias.

La concurrencia no competitiva consiste en dejar los 20 millones, en paquetes de 2.000€, en medio de una plaza pública, y el primero que lo alcanza se lo lleva. Las imágenes de cientos de miles de persones peleando por conseguir un paquetito, coincidiríamos todos en que sería impropia de una sociedad moderna, diríamos que tercermundista. Pues exactamente eso es lo que sucedió ayer y antes de ayer, sólo que la plaza era digital, y la imagen que se vio fue “Error 504” y la frustración de pasarse horas ante el teclado desgastando la tecla F5, una imagen tercermundista digital.

Sin duda, alguien no evaluó que unas ayudas que llegarían a 10.000 personas de un colectivo de más de 500.000, provocaría una avalancha, digital eso sí, y es que hasta en eso somos los más modernos de entre los modernos. Y luego nos hablarán de la república digital o de la Agencia Espacial Catalana.

Confrontación o concordia

Artículo publicado en ABC.

Una parte del independentismo aboga por que las próximas elecciones catalanas vuelvan a ser plebiscitarias… y el hámster sigue haciendo girar la rueda.

Es conocido que el nacionalismo separatista se moviliza cuando sus líderes fijan desafíos en horizontes temporales, aunque no sepan exactamente para qué, creo que sí, que estas elecciones van a ser plebiscitarias, pero no para el conjunto de los catalanes, ellos jamás han pensado en la sociedad catalana, sino que sólo piensan en ellos.

Según su parcial visión de Cataluña, en el plebiscito de estas elecciones se dirimirá cual de los partidos independentistas gana a los otros, ésta es la lucha que, desde el primer día del desafío separatista están dirimiendo día a día, incluso cuando se reparten el Gobierno, declaraciones y acuerdos trufados de trampas para sus propios adversarios, y mostrarlos menos puros ante sus acólitos. No se esconden, buscan la hegemonía de sus respectivas formaciones políticas en el espectro nacionalista, lo que les lleva a competir entre ellos a costa del conjunto de la sociedad catalana.

Los que creemos que el debate económico y social es más relevante para el bienestar, la convivencia y la concordia entre catalanes, haríamos mal en caer en el debate que pretenden los nacionalistas, y si hemos de hablar de plebiscito, hagámoslo entre división y convivencia, entre romper y construir, entre retroceder o progresar, entre confrontación y concordia. Este debe ser el auténtico plebiscito: confrontación o concordia.

No son vanas las palabras de quienes incitan a “buscar grietas para debilitar el Estado” como si los catalanes no independentistas no formáramos parte del Estado. Es un error aceptar que el problema lo es entre Catalunya y España, ignorando que el problema es fundamentalmente entre catalanes.

El plebiscito entre independentistas no nos compete a la mayoría de catalanes, a no ser que fruto de la “no ley” electoral catalana, estos vuelvan ganar más escaños que los que les corresponden por votos y sigan poniendo en riesgo el progreso de nuestra sociedad y deteriorando la convivencia entre catalanes.

El plebiscito que nos afecta es entre confrontación y concordia, y aquí, el Partido Popular, apostamos por la concordia como la mejor solución para avanzar y progresar como sociedad.

Independentismo ilustrativo

Artículo publicado en ABC.

Decía en enero el hasta dentro de poco President Torra, que la legislatura en Catalunya estaba políticamente agotada y acusaba a sus socios de Govern de falta de lealtad. ¿Qué ha cambiado para que aún no haya convocado las anunciadas elecciones?

En primer lugar la colaboración de ERC con los presupuestos del PSOE, es una baza electoral de los de Puigdemont para demostrar que ERC prefiere alinearse con el Gobierno de España, antes que con los secesionistas y así acusarlos de traidores, con el efecto colateral de la inestabilidad política que genera en España, al torpedear los presupuestos. ERC vió que negociar presupuestos con unas elecciones catalanas a la vista, les podría perjudicar y echaron el freno, por ello insisten reiteradamente en la convocatoria de elecciones para poder reanudar la negociación de los presupuestos cuanto antes.

El segundo elemento ha sido la reordenación del nuevo partido de Puigdemont que requería de un tiempo para depurar a los infieles. El nuevo partido, paradójicamente llamado “Junts” –en realidad representa todo lo contrario- debía deshacerse de todos aquellos que no rendían culto suficiente al líder y osaban discutir su estrategia.

Así la respuesta de los cuatro diputados del PdCat en el Congreso ha sido ofrecerse al PSOE para aprobar los presupuestos, y así intentar boicotear la primera estrategia.

Ahora, parece que han decidido –Waterloo mediante- que hay que dejar que el President sea inhabilitado para demostrar aquello de “la represión del Estado” que sólo se creen ellos. La consecuencia inmediata es que, todo el Govern, quedará en funciones, lo cual sería una tranquilidad vistos los antecedentes, pero no parece demasiado responsable ante la crisis sanitaria y su derivada económica que estamos sufriendo.

Todas estas circunstancias, ilustran a la perfección que cuando los independentistas afirman que se preocupan de los problemas de los catalanes, lo hacen sólo pensando en ellos y en sus estrategias, y ese el motivo por el que, la única buena decisión que puede tomar un mal Presidente, que es convocar elecciones, no podrá ser tomada por Torra, como tampoco lo pudo hacer Puigdemont.

Como pollo sin cabeza

Artículo publicado en ABC

Con ocasión del debate sobre la gestión de la crisis sanitaria y sus efectos que tuvo lugar en el Parlament a principios de Julio, advertimos al President Torra que, la declaración del estado de alarma le había ido como anillo al dedo.

Efectivamente, el estado de alarma supuso trasladar la responsabilidad de una parte de las grandes decisiones que se debían tomar al Gobierno de España, lo que dejaba al de la Generalitat en su ambiente ideal, que es el de crítica constante a todas las decisiones que se tomaban, como argumento ideal para justificar la independencia. La máxima expresión de este hilo argumental fue la mezquina afirmación de que con la independencia habrían menos fallecidos en Catalunya, pero no el único, la hemeroteca de los últimos meses es testigo de numerosas contradicciones entre lo que se exigía y lo que se hacía.

Siendo cierto que las decisiones del Gobierno de España no ayudaban demasiado, la sensación fue que el Govern, actuaba descoordinadamente, como “pollo sin cabeza” tuve la oportunidad de verbalizar en aquel Pleno, pero el problema es que esa sensación persiste aún a día de hoy.

El Govern, que según su propio President “no tiene recorrido político” sigue intentando hacer ver que gobierna, pero la realidad es otra: los de JxC peleándose entre ellos por ir en una u otra candidatura, y a la vez polemizando con ERC para ver quién gana a quien, mientras el President organiza aquelarres contra la monarquía –esto sí que les une- en los que empieza pidiendo la abdicación del Rey, y termina pidiendo el cese del Secretario General del Parlament.

Mientras todo esto ocurre, la Conselleria de Educación hace sus previsiones para el nuevo curso, y la Conselleria de Salud discrepa abiertamente de las medidas anunciadas, pero claro lo importante es el Rey y el Secretario General del Parlament: como pollo sin cabeza.

Es importante terminar con este desgobierno con elecciones, pero no para ver qué independentistas nos gobiernan, sino para terminar con los gobiernos independentistas y frenar la decadencia en la que tienen sumida a los catalanes.

Libertad condicionada

Artículo publicado en ABC

En los últimos meses venimos reiterando la deriva ideológica del Govern de la Generalitat, presidida por los post convergentes, pero dirigida por principios propios de la izquierda más radical que le sustenta. A los ataques a la libertad de educación a través del ataque a la escuela concertada, al ataque al ahorro de las familias a través del impuesto de sucesiones, al ataque al derecho a la propiedad concediendo derechos a ocupas,  se añade ahora el ataque a la libertad de fijación de precios del alquiler de viviendas.

Coincidimos en qué unos de los efectos de la crisis económica y financiera de 2008 ha sido desviar la demanda de propiedad hacia la vivienda de alquiler, y que ha tensionado el mercado empujando los precios de alquiler al alza, en muchas ocasiones, desproporcionados. Ante ésta situación, el Partido Popular, apostamos por ejercer las competencias autonómicas en materia de vivienda, lo que significa invertir en vivienda de alquiler para incrementar la oferta e incidir sobre el precio de alquiler.

Intentar regular artificialmente el precio del alquiler, puede tener efectos diversos: reducción de la oferta por ser el precio inferior a la expectativa; reducción de la inversión en mantenimiento y rehabilitación de las viviendas lo que empeora sus condiciones de habitabilidad; incluso finalmente puede generar un mercado oculto de alquileres para burlar la ley. En conclusión que los efectos finales de la medida pueden ser incluso contrarios al objetivo que persigue la limitación de las rentas de alquiler.

La escasez de vivienda de alquiler social es una realidad, sólo hace falta ver la disponibilidad en algunas ciudades: en Paris el 22%, en Berlin el 30%, en Londres el 24% o en Nueva York el 41%. Cifras que contrastan con Barcelona, que apenas alcanza el 1%. Pero parece ser que, ejercer las competencias en vivienda, no es cosa de éste Govern y lo suyo es intentar ejercer competencias de otras administraciones, como lo es la regulación de las rentas de alquiler.

Sin duda que, la influencia de la izquierda radical, en el Govern de la Generalitat de Catalunya no solo alimenta el secesionismo sino que nos tiene a los catalanes en un estado de libertad condicionada a los caprichos de unos gobernantes incompetentes para abordar los problemas que sufrimos.

Propiedad Vs Vivienda

Artículo publicado en ABC

Ante la evidente problemática social suscitada con la vivienda desde la crisis financiera de 2008, los populismos, tanto ideológicos como identitarios, han intentado, no solo contraponer el derecho a la propiedad con el derecho a la vivienda, sino que han intentado legislar para que el derecho a la vivienda tenga supremacía sobre el derecho a la propiedad.

Este es el caso de los últimos decretos ley de vivienda de la Generalitat de Catalunya, que reconoce incluso derechos a la ocupación ilegal de viviendas, derechos que no tienen aquellas 140.000 familias que esperan pacientemente en el registro de solicitantes de vivienda de protección social, al margen de los efectos perniciosos que genera al alimentar las mafias que aprovechan la ingenuidad social –o no- del populista venido a legislador.

Alguien podrá argumentar, incluso jurídicamente, que el derecho a la propiedad privada tiene un tratamiento en la Constitución superior al derecho a la vivienda digna, puede ser un argumento, pero no nos sirve. De lo que se trata no es de contraponer un derecho a otro, ni de dar supremacía a uno sobre el otro, ambos derechos deben ser compatibles y es responsabilidad del legislador hacerlos compatibles.

La defensa de la propiedad no sólo es compatible con el derecho a la vivienda digna sino que es complementaria: muchos ciudadanos han elegido la propiedad para hacer efectivo su derecho a la vivienda, otros, que pueden no tener esa capacidad deben tener el amparo de los poderes públicos para hacerlo efectivo, pero nunca a costa de los otros.

Si bien el derecho a la propiedad debe ser respetado en la actuación de las administraciones, el derecho a la vivienda digna goza de un mandato constitucional: “los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo éste derecho”. Es pues, la Generalitat la que debe tomar las medidas necesarias para hacer efectivo ese derecho. Y es precisamente cuando recurren a menospreciar otros derechos, cuando más en evidencia quedan por el fracaso de sus políticas de vivienda. Por estos motivos era imprescindible el recurso presentado al Tribunal Constitucional, casi tanto como cambiar de Gobiernos.

Competencias e incompetencia

Artículo publicado en ABC

Suele ser habitual en el relato nacionalista desviar la atención de lo prioritario hacia lo secundario introduciendo el debate sobre la titularidad de las competencias en vez de intentar ejercerlas con competencia.

Es en este sentido en el que hay que valorar que el Gobierno de Torra se pase el día a la greña con el Gobierno de España –auténtica seña de identidad del nacionalismo- no para reivindicar tal o cual política, sino simplemente para reivindicar la titularidad de la competencia, porque por el simple hecho de ser independentistas, lo hubieran hecho mejor. Para ellos es evidente que en una Catalunya independiente habrían menos fallecidos y menos contagiados, no porque se hubieran hecho mejores políticas, sino porque serían sus políticas independentistas, que por definición deben ser superiores.

Siguen explicando lo que habrían hecho ellos quince días antes, cuando por cierto, teniendo las competencias no lo hicieron, en vez de explicar qué van a hacer quince días después para lo que ahora sí tienen competencias.

Y hoy lo que nos debe preocupar es como abordamos el futuro inmediato recuperando las políticas sanitarias que, durante los años de crecimiento, no quisieron recuperar o como fortalecemos las políticas industriales, turísticas y comerciales para intentar recuperar al menos, parte del terreno perdido.

Mejor política social, impulso de la economía y menos proceso independentista, deberían ser los principios básicos que guiaran cualquier foro, mesa o acuerdos entre partidos para dar respuestas a los problemas que acuciarán nuestra sociedad una vez superada la emergencia sanitaria. Pero mucho nos tememos que no vaya a ser así, ya que la naturaleza del nacionalismo consiste en aprovechar las debilidades en su propio beneficio, y ellos, más que los problemas de la sociedad catalana, ven oportunidades para conseguir sus objetivos.

Conviene recordar la fábula de la rana y el escorpión, en la que cuando la rana ayuda al escorpión a cruzar el rio y se hunden juntos por la picada del escorpión, este responde: “es mi naturaleza”.

El debate no debe ser sobre la cantidad de competencias que tienen unas u otras administraciones, sino cuan competentes somos ejerciéndolas.