Cien días y pico

Artículo publicado en ABC.

Era innecesario esperar los 100 días de gracia del nuevo Govern para ver cual es su propósito. El President parcial de Catalunya, Torra -que solo ejerce su cargo para los independentistas- ya anunció el primer día cuáles eran sus intenciones. El único que parece no haberse enterado es Pedro Sánchez, no sea que le fastidien su particular campaña electoral.

El presunto diálogo con los dirigentes independentistas no tiene absolutamente ninguna probabilidad de alcanzar un mínimo común, porque no les interesa ni la sanidad, ni la educación, ni la seguridad, ni la financiación, ni las infraestructuras. Solo quieren hablar de lo suyo y de los suyos, de nada más. Por eso también cierran el Parlament, para no tener que escuchar voces discrepantes, a veces, incluso las suyas propias. Mientras, siguen alimentando la confrontación haciendo ver que es cosa de los demás, nada más. Más de 100 días de Govern y no se gobierna, se viaja a cárceles, a Berlín, a Bruselas, y sigue sin haber el menor atisbo de que intenten tomar una sola iniciativa dirigida a los catalanes. A todos, claro, porque ellos a los “fachas” -o sea, a los discrepantes- no nos cuentan como catalanes.

Torra no solo ha prometido atacar al Estado, también un otoño caliente y efemérides no le van a faltar: van a celebrar el 11-S, el 1-O, el 27-O, el 9-N y de por medio el juicio. Esta misma semana va a explicitar aún más sus únicas intenciones: más desobediencia y más ruptura, a no ser que Pedro Sanchez se avenga a negociar un referéndum de autodeterminación.

Sólo acierto a vislumbrar dos posibles escenarios: nuevas elecciones con desafíos similares, con un Puigdemont volviéndolo a intentar antes de que pueda ser inhabilitado; o bien que ante el desafío, la falta de lealtad y la desobediencia, Pedro Sánchez sea vea obligado, sobre todo por los suyos, a plantear la aplicación de un nuevo 155. En cualquier caso, la probabilidad de que antes de que termine el año no pase nada tiende a cero, pero sólo tiende, dejando un pequeño resquicio para la esperanza de que se recupere el sentido común.

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