Competencias e incompetencia

Artículo publicado en ABC

Suele ser habitual en el relato nacionalista desviar la atención de lo prioritario hacia lo secundario introduciendo el debate sobre la titularidad de las competencias en vez de intentar ejercerlas con competencia.

Es en este sentido en el que hay que valorar que el Gobierno de Torra se pase el día a la greña con el Gobierno de España –auténtica seña de identidad del nacionalismo- no para reivindicar tal o cual política, sino simplemente para reivindicar la titularidad de la competencia, porque por el simple hecho de ser independentistas, lo hubieran hecho mejor. Para ellos es evidente que en una Catalunya independiente habrían menos fallecidos y menos contagiados, no porque se hubieran hecho mejores políticas, sino porque serían sus políticas independentistas, que por definición deben ser superiores.

Siguen explicando lo que habrían hecho ellos quince días antes, cuando por cierto, teniendo las competencias no lo hicieron, en vez de explicar qué van a hacer quince días después para lo que ahora sí tienen competencias.

Y hoy lo que nos debe preocupar es como abordamos el futuro inmediato recuperando las políticas sanitarias que, durante los años de crecimiento, no quisieron recuperar o como fortalecemos las políticas industriales, turísticas y comerciales para intentar recuperar al menos, parte del terreno perdido.

Mejor política social, impulso de la economía y menos proceso independentista, deberían ser los principios básicos que guiaran cualquier foro, mesa o acuerdos entre partidos para dar respuestas a los problemas que acuciarán nuestra sociedad una vez superada la emergencia sanitaria. Pero mucho nos tememos que no vaya a ser así, ya que la naturaleza del nacionalismo consiste en aprovechar las debilidades en su propio beneficio, y ellos, más que los problemas de la sociedad catalana, ven oportunidades para conseguir sus objetivos.

Conviene recordar la fábula de la rana y el escorpión, en la que cuando la rana ayuda al escorpión a cruzar el rio y se hunden juntos por la picada del escorpión, este responde: “es mi naturaleza”.

El debate no debe ser sobre la cantidad de competencias que tienen unas u otras administraciones, sino cuan competentes somos ejerciéndolas.

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