El trampantojo del referéndum.

Artículo publicado el 21 de junio en ABC.

Según el diccionario de la Real Academia Española, un trampantojo es una trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es. Así pues, la definición se ajusta a la perfección al presunto referéndum con el que el Govern de la Generalitat pretende amenazar el orden constitucional y a la democracia española.

Los referéndums deben cumplir una serie de requisitos para que puedan ser considerados democráticos. La Comisión Europea para la democracia a través del derecho, conocida como Comisión de Venecia, a través del Consejo para Elecciones Democráticas dictó en 2006 un código de buenas prácticas sobre referendos que sirve de guía a los estados miembros de la Unión Europea.

La primera de las normas es que los referéndums no pueden celebrarse si la Constitución o una ley conforme a esta no los estipula, lo cual ya es motivo suficiente para desacreditar las intenciones del Govern independentista, pero hay más, como por ejemplo que la autoridad administrativa debe ser neutral, que debe ofrecer información objetiva de las consecuencias o que los medios de comunicación públicos deben tratar con igualdad las opciones. Me da la impresión que no es necesario demostrar que ninguno de estos criterios se cumple, ni siquiera mínimamente, con el actual Govern de la Generalitat.

De hecho son criterios muy elementales que no debería ser necesario ni recordar, ni mencionar siquiera, pero que, en las actuales circunstancias se hace preciso poner en el debate, para dejar claro que lo que se pretende en Catalunya ni es, ni puede ser, ni será un referéndum, le podrían llamar de cualquier otra manera, por ejemplo, manifestación independentista, pero no referéndum.

Pero seguirán usando el concepto referéndum por la carga de provocación que comporta la realización de algo no permisible, aunque luego ante la justicia lo nieguen, y sobre todo por la pátina de democracia que la propia palabra conlleva. Y esta es la clave, todo el proceso se basa en apariencias, ilusiones o trampas con las que se engañan ellos mismos y pretenden engañar a los demás. Todo un elenco de argucias, que no astucias, que ilustran perfectamente que de la democracia solo pretenden usar la apariencia, muy en la línea de cualquier gobierno populista que nos venga a la cabeza. Precisamente para tapar su incompetencia democrática, no cesan de acusar a los demás de poco democráticos, incluso con símiles que provocan entre hilaridad y estupefacción, Guardiola mediante.

El 1 de octubre no habrá ningún referéndum, quizás una nueva manifestación imaginativa, pero el problema seguir al día siguiente, se deberá administrar el engaño y no pocas frustraciones.

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