Incoherencia y debilidad

Artículo publicado en ABC.

Después de diecinueve meses de incertidumbres, dos elecciones generales, muchas afirmaciones y sus correspondientes renuncios, Pedro Sanchez fue elegido Presidente en la legislatura más débil de nuestra democracia contemporánea, o al menos tan débil como después de la moción de censura de 2017.

La debilidad es aritmética, no sólo por los apoyos que tiene, sino por los que no tiene y de cuya abstención dependerá la longevidad de la legislatura. La incoherencia evidente, especialmente en los últimos meses en los que negó cualquier pacto con los neocomunistas alegando insomnio, terminando metiéndolos en el Consejo de Ministros, o defendiendo la rebelión en Catalunya y asemejando el independentismo a la extrema derecha francesa, terminando por asumir sus tesis: conflicto político, represión, mesa por la autodeterminación, amnistía y lo que no sabemos.

La incoherencia y la debilidad deja a los pies de los caballos a los catalanes no independentistas que vemos con estupor como el partido socialista asume, sin ruborizarse, algunos de los planteamientos de los separatistas, olvidando que el conflicto es fundamentalmente entre catalanes, y lo han generado aquellos que quieren imponer su proyecto político por encima de todo, incluso de la democracia.

En pocos meses hemos pasado de ver como Europa respetaba las decisiones de las instituciones españolas, a ver como se toman decisiones en contra de éstas mismas instituciones, pero el problema no está Europa, está en la incoherencia y la debilidad del Gobierno de España.

No se puede ignorar que cualquier solución al problema catalán debe pasar ineludiblemente por un Gobierno de la Generalitat que respete al conjunto de la sociedad catalana y ello debería tenerlo muy presente el partido socialista, de lo contrario se convertirá en el principal aliado para que los partidos independentistas puedan seguir menospreciando a los catalanes, pero también a los españoles.

Los separatistas ya dejaron claro que la gobernabilidad de España les importa un comino. Nada nuevo. Lo que sí es novedoso es que parece ser que al Presidente del Gobierno de España, también parece importarle un comino, España.

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