Irresponsabilidad.

Artículo publicado en ABC.

Hace siete años, durante el debate de política general en el Parlament, después de la manifestación del 11S y a breves días de la reunión Mas-Rajoy que significó el final de aquella legislatura catalana y el inicio del fatídico procés, tuve la oportunidad de intervenir y advertir al entonces President Mas que la “transición nacional” que anunciaba y pretendía iniciar era una irresponsabilidad.

Hoy se inicia en el Parlament un nuevo debate de política general, en el que muy probablemente se hable muy poco de política general, y un mucho de procés, pero se puede analizar a la perfección cuales son las consecuencias de aquella irresponsabilidad.

Dos intentos de saltarse la legalidad para hacer sendos referéndums de independencia sin amparo legal, huelgas de país al más puro estilo revolucionario, grandes empresas que huyen, una sociedad completamente dividida, políticos inhabilitados, otros en prisión preventiva a la espera de sentencia, otros fugados, otros que preparan la revolución de las sonrisas a su manera, es decir, fabricando artefactos explosivos otros intentando asaltar el Parlament una y otra vez, un President que presume de desobedecer -para quitar pancartas, eso sí-, que pide a los radicales que aprieten, y que publicita manuales de desobediencia pensando a veces en la “vía eslovena” o más recientemente en Hong-Kong.

No puedo creer que, nueve años después, nadie, absolutamente nadie tenga el más mínimo remordimiento de conciencia sobre cómo han conducido Catalunya durante los últimos años, y sobre todo, donde la han conducido: solo preocupa la sanidad, la educación, las infraestructuras, las políticas sociales, la economía o la seguridad, para alimentar el victimismo y ganar adeptos, ya que no tienen el más mínimo interés en los catalanes, sólo tienen interés en lo suyo.

Ante esta situación probablemente inédita en el mundo de las democracias, en el que la revolución se impulsa desde un gobierno con sus medios y desde sus medios, que son los de todos los ciudadanos, solo cabe una alternativa la de ganar elecciones y formar un gobierno alternativo que acabe con esta situación, y nos devuelva a los catalanes ilusión por un futuro esperanzador, más que por una futura revolución.

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