Lo que oculta el secesionismo

Artículo publicado en ABC

Los primeros años de proceso secesionista sirvieron al Gobierno de la Generalitat para centrifugar la responsabilidad de los recortes por la crisis. Ahora, que vamos dejando atrás los efectos de aquella, y apartando el árbol del proceso para ver el bosque de la política, observamos con preocupación cómo se avanza hacia una socialización, que socava principios básicos de las libertades individuales.

 

Que los hijos no son de los padres, no fue un desliz de la Ministra de Educación sino una auténtica declaración de intenciones. Así lo interpreta el Consejero de Educación de la Generalitat que se propone expulsar la escuela concertada del sistema público de enseñanza laminando así las libertades de los padres en éste ámbito, con la aquiescencia de los posconvergentes que antaño lo defendieron, hasta que llegó el proceso.

 

Otro ejemplo lo tenemos en el decreto de vivienda recientemente aprobado por el Parlamento, no sólo votado por, como no, los posconvergentes sino incluso propuesto por un consejero del mismo partido: regulación, limitación de precios, expropiaciones o legitimación de la ocupación mediante la concesión de derechos, son medidas, que no solo no sirven para abordar el evidente problema del derecho a la vivienda, sino que aniquilan otros derechos, incluso las iniciativas de inversión privada que deberían contribuir en la resolución del problema, como, por otro lado, hemos visto que se ha producido en la Barcelona de Colau, con la consiguientes consecuencias sobre la oferta y la creación de puestos de trabajo.

 

Sin duda, políticas de socialización ineficaces, requieren ingentes cantidades de recursos, y en ello también está el Gobierno cuya política fiscal parece no tener freno a la hora de crear nuevas figuras impositivas: bebidas con azúcar, postes de electricidad y de telecomunicaciones, aterrizaje de aviones, atraque de cruceros, poseer un vehículo; o elevando el IRPF o sucesiones, repito, con la complicidad de posconvergentes sin más ideología que la identidad.

 

Hace años que la política catalana se balancea en el eje identitario lo cual es problemático como estamos viviendo, pero como sociedad, no nos podemos permitir abandonar el eje ideológico cuyo sesgo está comportando la pérdida de libertades individuales.

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