Sin Gobierno: sin novedad

Artículo publicado en ABC.

Hace ya algunos años, los secesionistas catalanes han introducido en su léxico habitual el término represión para justificar su incompetencia para hacer cualquier cosa, pero dirigida al supuesto causante de todos los males, o sea España, y para ocultar su incapacidad para hacer lo que deben, o sea gobernar.

Sin ir demasiado lejos en el tiempo, era enero del año pasado, cuando el olvidado President Torra anunció que la legislatura catalana estaba agotada por las desavenencias entre los socios independentistas del Gobierno de la Generalitat. Hoy quince meses más tarde, con una crisis sanitaria, otra económica y social y unas elecciones de por medio, siguen las desavenencias entre los mismos socios, y más de seis meses de Gobierno en funciones.

No es que no se pongan de acuerdo en nada, de hecho es fácil que lleguen a acuerdos para subir impuestos, para proteger okupas, para atacar la escuela concertada o para desarmar a los Mossos.  Pero es harto imposible que se pongan de acuerdo para mejorar la sanidad pública o la educación, para ayudar a las empresas, para impulsar la economía, para impulsar vivienda social pública, o para mejorar la gestión de la dependencia o las ayudas sociales, básicamente porque ni se lo plantean.

El gran obstáculo parece ser la determinación del papel de un ente privado, sin ninguna representatividad, que tiene como único objetivo suplantar al propio Gobierno de la Generalitat, en la definición de las políticas del Gobierno al que se pretende suplantar. Y se atreven a presumir de qué, el gran éxito del independentismo es que se ha asociado a democracia.

Represión sin duda, es a lo que nos tienen sometidos a los catalanes, tanto a los suyos como a los demás, porque al fin, lo que se están disputando es su propia supervivencia, política pero también económica, por ello que no haya Gobierno, no supone ninguna novedad.

Sin duda, debemos trabajar mucho más intensamente en ofrecer una alternativa a la sociedad catalana que sea capaz de superar ésta decadente etapa de la política catalana. No se trata de pasar página, sino de cambiar de libro.

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