El hacha del Alcalde.

Artículo publicado en ABC.

Durante las últimas semanas se ha hecho viral el video en el que se ve a un Alcalde de Junts per Catalunya, los herederos de Convergencia, amenazando con un hacha a unos okupas que se habían instalado en una finca de su propiedad.

El hecho es relevante, no tanto por la inadecuada reacción del Alcalde, que lo es, sino por la disonancia entre lo que se legisla y lo que los ciudadanos padecemos; disonancia que se pone de manifiesto en estos hechos.

Es en el Parlament de Catalunya donde el partido del Alcalde y los consellers de su mismo partido, han legislado y sus diputados, votado sistemáticamente, otorgando derechos a okupas de propiedades privadas, como la del propio Alcalde. Al final, las leyes afectan a todos los ciudadanos, también a los de JxCat, ya sean votantes, Presidents de la Generalitat o Alcaldes y ya sabíamos que algunos consideran que, las leyes solo se aplican a según quien, pero la cruda realidad es distinta.

El problema no es solo del Alcalde, sino de miles de ciudadanos que sufren, por un lado la ausencia de política de vivienda por parte de la Generalitat y por otro, las okupaciones directa o indirectamente y no tienen, ni se les puede exigir que tengan, un hacha a su disposición: ni tan siquiera, un hacha de Alcalde.

No estoy en situación de pedir la dimisión del Alcalde, pero sí en la necesidad de pedirle una reflexión sobre si el partido al que dice representar y por el que pide el voto, es el que mejor representa lo que de verdad piensa y defiende.

Mejor favor haría a sus conciudadanos defender lo que a ellos también les preocupa, aunque no tengan hacha a su alcance. A menudo el poder representativo, a través del legislativo bien ejercido, es más útil y eficaz, que un hacha: es ello se basa la democracia.

Mareando la perdiz

Artículo publicado en ABC.

Desde 2010 se repiten reiteradamente sentencias en relación al uso vehicular del castellano en el marco de la inmersión lingüística en las escuelas catalanas.

El concepto de inmersión, reconocido constitucional, debe entenderse desde la realidad de la existencia, no sólo de dos lenguas oficiales, sino de dos lenguas de uso normal en la sociedad catalana, tres, considerando el aranés en Aran. Así, la inmersión no puede considerarse exclusión de una de las lenguas, sino que debe conjugar ambas lenguas en la proporción adecuada para garantizar que los alumnos alcancen las competencias deseables en ambas lenguas.

La diferencia entre la última sentencia y las anteriores, estriba en que los tribunales, probablemente hartos de que los sucesivos Governs mareen la perdiz, exigen un mínimo del 25% de castellano no sólo en un centro concreto, sino en el conjunto del sistema educativo, lo que ha de permitir modular la presencia de ambas lenguas según las necesidades del entorno y del momento.

El último día de cumplimiento de la sentencia, el Govern exhibe una iniciativa parlamentaria que afirma que resolverá el conflicto: falso. La timorata y recatada modificación de la ley de política lingüística queda lejos de dar cumplimiento a la sentencia y se nos antoja como una iniciativa para… seguir mareando la perdiz.

Quizás sea cierto que el catalán se encuentra estancado, también lo es el rechazo que su imposición supone entre una parte de la población, y tampoco ayuda que se pretenda asimilar el uso de la lengua a una determinada identidad, que encima se presenta como excluyente. Las lenguas deben servir para entenderse, no para dividir las sociedades.

Nacionalistas y de paso, también socialistas, deben poder entender que conjunción lingüística e inmersión no son conceptos excluyentes sino complementarios. Hacerlo realidad, incluso compatible con la introducción de una tercera lengua extranjera es solo cuestión de voluntad, y el Partido Popular, la tenemos.

El problema de la vivienda

Artículo publicado en ABC.

Una de las asignaturas pendientes de nuestra sociedad del bienestar es el derecho constitucional a una vivienda digna.

Corresponde a las administraciones públicas ejercer las acciones necesarias para garantizar que los ciudadanos puedan hacer efectivos sus derechos. Son los gobiernos quienes deben facilitar el acceso a la vivienda de los ciudadanos, y no una exigencia al resto de ciudadanos.

Medidas como las de otorgar derechos a okupaciones de viviendas de terceros, o limitar las rentas de alquiler, suponen un gravamen adicional, a la ya alta fiscalidad que sufrimos los catalanes, que no se ampara en ningún precepto constitucional, sino en los dogmas populistas de la izquierda radical.

Limitar las rentas supone que el mercado de viviendas en alquiler se reduce, lo que tensiona más los precios, pero también, reducir el rendimiento, supone desincentivar la inversión, incluso en mantenimiento, lo que lleva a un deterioro del parque de viviendas, y tampoco incentiva la rehabilitación de viviendas vacías, para reintroducirlas en el mercado. Todas estas situaciones ya se han producido en Barcelona, fruto de las restricciones en las rentas de alquiler, pero también ante la obligación de destinar un 30% de las viviendas privadas a vivienda social.

Mientras, las administraciones prefieren legislar para cargar sobre los ciudadanos con una obligación que es de los poderes públicos, y que deberían atender mediante la inversión en vivienda. Así, Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona, perpetúan el problema y además cargan sobre los demás sus propias responsabilidades.

Esta semana hemos conocido la sentencia del TC que anula parte de la legislación catalana que restringe las rentas de alquiler a través de un recurso del Partido Popular, pero aún no está todo resuelto, la capacidad de legislar despropósitos no tiene límites y nos encontramos con nuevas leyes que abundan en las mismas malas soluciones, perjudican a los ciudadanos y no resuelven el problema. Nosotros, estamos preparados!

Irrespetuosos con la democracia

Artículo publicado en ABC.

Resulta curioso que aquellos que se llenan la boca de democracia para cometer sus tropelías, es decir, los secesionistas catalanes, sean los primeros que ante cualquier circunstancia se les ocurre suspender la democracia.

Efectivamente, ante la resolución de la Junta Electoral Central de hacer efectiva la inhabilitación por sentencia judicial por desobediencia de un diputado de la CUP, a los partidos independentistas no se les ocurre nada mejor que intentar paralizar la actividad del Parlament de Catalunya.

No es la primera vez que, en los últimos años, actúan así pero la situación no deja de ser sorprendente a la vez que paradójica: tanta relevancia le dan al Parlament que a la primera de cambio lo menosprecian soberanamente suspendiendo su actividad, como si la tarea parlamentaria fuera menos importante que sus reivindicaciones políticas y por tanto, partidistas.

Más importante es la paradoja que supone que, siendo el Parlament de Catalunya una cámara legislativa de representación popular, cuyas leyes son de aplicación a todos los ciudadanos, haya quienes crean que tienen la potestad de elegir qué leyes cumple y cuáles no.

Esta es la situación, los mismos legisladores que elaboran leyes pretenden atender o no las leyes a su antojo y a su interés, según este peculiar criterio, ellos, y sólo ellos, deben poder desobedecer las leyes que a ellos les apetezca, y ser impunes a las sanciones que las propias leyes imponen.

La igualdad ante la ley es un principio básico de las democracias, y en democracia el papel de las cámaras legislativas no solo es fundamental, sino que debe ser ejemplar, por todo ello, menospreciar el trabajo del Parlament, desobedecer leyes democráticas, y además pretender la impunidad, es una clara demostración de falta de respeto por la democracia.

El problema es Netflix

Artículo publicado en ABC

Era 2013 cuando Oriol Junqueras amenazaba con parar la economía catalana durante una semana para forzar al Estado a negociar la autodeterminación de Cataluña. Hoy, a las puertas de 2022, no está claro que el Estado, mejor dicho el Gobierno del Estado no esté dispuesto a negociar la autodeterminación, pero por cosas más sutiles como mantener una mayoría parlamentaria, pero lo que sí está claro es que está consiguiendo su objetivo de parar la economía catalana.

La lenta decadencia económica pero también social en la que están sumiendo a los catalanes, porque los territorios no sufren, lo hacemos las personas, nos aleja de la Cataluña dinámica y próspera que nos ha caracterizado a lo largo de los siglos.

Las empresas y la tradicional industria catalana siguen huyendo de Cataluña, y las que quedan lideran el ranquing de insolvencias, la diáspora cultural, la aversión al turismo, el bloqueo de inversiones y de infraestructuras como el aeropuerto, las numerosas barreras administrativas que no solo persisten si no que se incrementan incluso para la implantación de energías renovables, la abusiva y confiscatoria fiscalidad, la permisividad con los violentos o el amparo presuntamente legal de los ataques a la propiedad privada, son aspectos tangibles que no deberían dejarnos indiferentes.

También los servicios públicos sufren: las mayores listas de espera en la sanidad están en Cataluña, los escolares, en la mayor cantidad de barracones de España, ven limitados sus derechos lingüísticos, no sólo en relación al castellano -en el aula o en los patios-, también en relación a las lenguas extranjeras y al que se le ocurra denunciarlo se le acosa y se invita a la turba a apedrear a sus familias. Pero el problema es Netflix, que es lo que de verdad preocupa al Gobierno de la Generalitat.

Algunos pierden tiempo viendo cómo organizarse, cuando debemos emplearlo en articular la alternativa imprescindible para revertir estas situaciones y recuperar el bienestar y la convivencia que, lenta pero inexorablemente, nos están sustrayendo.

El castellano es normal en Cataluña

Artículo publicado en EconomiaDigital

Esta afirmación que para la mayoría de los mortales debería considerarse de perogrullo, tratándose Cataluña de una comunidad no solo con dos idiomas oficiales, si no con dos idiomas de uso indistinto entre la población, parece ser una anormalidad para la Generalitat de Cataluña secuestrada desde sus inicios por los nacionalistas, y que pretenden excluir el castellano de muchos ámbitos de la vida de los catalanes, y como no, sobretodo de la educación.

La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de diciembre de 2020 viene a reafirmar lo que otras muchas sentencias, des de 1983, vienen a decir, que es que la existencia de diversas lenguas oficiales impone un régimen de conjunción lingüística, que “impone necesariamente su uso vehicular normal” en la educación. Ni el Estatuto de Cataluña, ni la Ley de Educación de Cataluña se oponen a esta realidad.

La inmersión lingüística no puede imponer la enseñanza monolingüe, sino que debe adaptar el nivel de vehicularidad de cada lengua a la realidad social de cada centro educativo y su área de influencia, y como los nacionalistas (también socialistas en su día) en el Gobierno de la Generalitat siempre se han negado a fijar un mínimo, la jurisprudencia tuvo que fijar un porcentaje, el 25%, que para variar, la Generalitat no solo ignora, sino que presume de ello, así queda demostrado en la información que aporta el propio Departamento de Enseñanza: solo un 2% de los centros de enseñanza primaria y un 12% de los de bachillerato cumple con ese porcentaje.

La reciente resolución del Tribunal Supremo inadmite el recurso de casación interpuesto por la Generalitat contra ésta última sentencia, por lo que, como dicta el sentido común: el castellano debe ser lengua vehicular y normal en Cataluña.

Por otro lado, si es cierto que el uso del catalán está en retroceso en Cataluña, quizás los nacionalistas deberían reflexionar sobre si la inmersión monolingüe que tanto defienden, está cumpliendo sus objetivos o precisamente los contrarios, pero también que lanzar el uso de una lengua u otra como signo de identidad, provoca un rechazo a la lengua catalana, igual al que muchos nacionalistas profesan respecto de la lengua castellana: las lenguas, todas, son para comunicarnos, para entendernos y deben ser herramientas de cohesión que faciliten la convivencia.

Blanco y en botella: PP

Artículo publicado en ABC.

Periódicamente surgen iniciativas con el sano propósito de reagrupar el centro derecha constitucionalista para ofrecer una alternativa al nacionalismo y al populismo, tanto para Cataluña como para España. Sin duda compartimos esa necesidad, aunque discrepemos de la forma, porque a nadie se le puede escapar que el centro derecha constitucionalista, no sólo ya existe, sino que es la única alternativa al populismo al menos en España como vemos encuesta tras encuesta.

¿Qué motivaciones nos pueden llevar a menospreciar al Partido Popular para crear otra cosa parecida?, porque da la impresión que bajo algunas iniciativas que pretenden reagrupar un espacio político, haya la voluntad de disolver el proyecto político sólido que es el Partido Popular. De hecho, algunas de las nuevas experiencias que se mueven en el ámbito del centro y la derecha, no parecen pretender sumar para vencer al nacionalismo y al populismo, sino que intentan sustituir al Partido Popular, que con virtudes y defectos, ha sido, es y será la herramienta capaz de vencer al socialismo y de frenar al nacionalismo.

El Partido Popular somos el primer partido de Europa y de España, ofrecemos un proyecto político de gobierno y lo somos en Europa, en países europeos, en comunidades y ayuntamientos españoles, y lo volveremos a ser en España. Nadie puede pretender que éste proyecto político al servicio de las personas en toda Europa, se diluya en Catalunya en beneficio de no sé qué proyectos, quizás más personalistas que programáticos.

Es cierto que en Cataluña, el Partido Popular hemos retrocedido por diferentes circunstancias, evidentemente algunas atribuibles al propio partido, pero también es cierto y evidente el esfuerzo de apertura y generosidad que se está haciendo, casi son más los representantes institucionales independientes escogidos bajo el paraguas del PP, que los propios, precisamente con esa voluntad de reagrupar el centro derecha constitucionalista. No es necesario crear nuevos proyectos, es necesario agruparnos en torno al que ya existe para ampliarlo y hacerlo vencedor.

En Cataluña no debemos resignarnos a gobiernos secesionistas y de izquierdas, por supuesto que es necesario un centro derecha constitucionalista fuerte y capaz de vencer al nacionalismo y al socialismo. Blanco y en botella: Partido Popular.

Bajo la mesa

Artículo publicado en ABC.

Pocas veces la reunión de una mesa, que debería ser tan irrelevante como imposibles las propuestas a debatir de autodeterminación y amnistía, ha generado tanta expectación, al menos política y mediática.

La incógnita sobre si el presidente divo, asistirá, presidirá o solo saludará la reunión, o si, mandan a dos condenados y por lo tanto inhabilitados en representación del Govern a negociar su propia amnistía (que después de ver a la Presidenta del Parlament autoconcederse la medalla de oro del Parlament tampoco sería tan raro), o la comparación de la mesa con las negociaciones para la paz en Vietnam (muy desafortunado ejemplo), no puede ser más que una forma de intentar dar relevancia a un acto que no lo debería tener.

En primer lugar porque el papel de los dos gobiernos en la mesa, dista mucho de ser institucional, ya que cada uno va a lo suyo: unos a la independencia, los otros a conservar una mayoría parlamentaria. Objetivos legítimos, pero nunca gubernamentales, sino partidistas.

Pero también porque si tanto empeño ponen en la mesa, igual no es por lo que nos dejan ver encima de la misma, sino por lo que se pueda manejar por debajo y que a buen seguro no será nada en beneficio de la sociedad catalana.

Finalmente, porque aunque se celebre en el Palau de la Generalitat, se trata de una reunión de socios de gobiernos, en la que su objetivo principal será alargar tanto como sea posible sus respectivos mandatos.

En definitiva una nueva oportunidad perdida para llegar a acuerdos para desencallar la necesaria inversión en el aeropuerto del Prat y en Girona, o para ofrecer soluciones a los más de 20.000 jóvenes que queriendo estudiar formación profesional, no podrán, por no haber hecho una adecuada previsión de plazas, o para terminar con los más de 1.000 barracones que suplen la falta de inversiones en escuelas, por citar solo algunos ejemplos de actualidad.

Astucia, sin verguenza

Artículo publicado en ABC.

Si vienen siguiendo el procés desde sus capítulos iniciales, cual telenovela de producción propia –tan propia como que la pagamos todos-, recordaran que los secesionistas decían que la independencia la iban a conseguir con astucia. Creo que son ya muchos, incluso los que no lo reconocen, que en el actual estado de derecho, no la van a conseguir tan fácilmente.

Pero la presunta astucia sigue presente en cada paso que da la Generalitat: hace poco modificaron la ley de los servicios jurídicos de la Generalitat que, con buen criterio, evitaba que estos pudieran defender jurídicamente a altos cargos en procedimientos de delitos contra la administración, ahora ya no existe esa limitación; también modificaron la ley del impuesto de donaciones, para eximir de tributación por dicho impuesto a los beneficiarios de fondos de “la caixa de solidaritat” para pagar fianzas y sanciones por acciones legales contra los secesionistas.

La última, ya que la caja de solidaridad ya no da para más, la creación de un Fondo de riesgos, para que seamos todos otra vez, los que con recursos públicos avalemos las fianzas de las malversaciones independentistas, que les exige el Tribunal de Cuentas. Es decir que, la Generalitat, cuyos intereses económicos y financieros defiende el Tribunal de Cuentas, pretende avalar a aquellos que malversaron recursos de la propia Generalitat, que no es de los independentistas, sino de todos los catalanes. Todo un ejemplo de astucia sin vergüenza.

Pretendían que fueran entidades financieras las que avalaran las fianzas, y éstas a su vez fueran avaladas por la Generalitat, por aquello de disimular un poco, pero no ha colado, así que ahora le toca al Instituto Catalán de Finanzas mover ficha, aunque parece que a algunos les ha cogido el tembleque.

Por cierto, ¿recuerdan la insistencia y la obsesión de algunos de convertir dicho Instituto en una banca pública? Encaja perfectamente: astucia sin vergüenza.

Mientras Pedro Sánchez distraído y ensimismado con la concordia…

Abrumadora concordia

Artículo publicado en ABC.

Ante la visita de Sánchez al Liceo para anunciar solemnemente su rendición incondicional, uy! perdón, su supuesta apuesta por la concordia, convivencia, reencuentro y otros eufemismos parecidos, podría haberse pensado que generaría movilizaciones de rechazo por parte de aquellos que llevamos años padeciendo los abusos del secesionismo desde el mismísimo Govern de la Generalitat y con los recursos de todos los catalanes, pero no.

La visita de Sánchez provocó movilizaciones, sí, pero de una abrumadora concordia por parte de los mismos secesionistas a los que parece que esto de la concordia, la convivencia y el reencuentro no va con ellos.

Ante ello cabe preguntarse qué vendrá a continuación y es que, si los responsables gubernamentales y sociales, así declarados judicialmente, salen medio indemnes de las tropelías cometidas y de la errónea convicción de que sus ideas se imponen, se añade la impunidad a los actos de imposición, no hay ningún incentivo para la concordia ni para el reencuentro, sino sólo para la reincidencia. De hecho, ya hay quienes ven debilidad del Estado ante la graciosa concesión de los indultos como un aliciente más para seguir el mismo camino.

El Govern de la Generalitat seguirá gobernando para los suyos, seguirá gastando para la independencia, seguirá mintiendo a los catalanes, seguirá negociando amnistía y autodeterminación, seguirá… Mientras la mayoría de catalanes seguirán silenciados por la Generalitat y seguirán ignorados por el Gobierno de España.

No podemos ver más beneficios en dicha medida que allanar el camino de una legislatura incierta con una mayoría inestable en el Congreso, a cambio de prorrogar la decadencia de la sociedad y de la economía catalana. El análisis coste-beneficio no es equilibrado: sólo ganan Sánchez y los condenados, y son precisamente la concordia, la convivencia y el reencuentro entre catalanes quienes pierden.

Por la concordia, ya no sólo es urgente echar, urnas mediante, a los secesionistas de la Generalitat, también urge echar a Pedro Sánchez de La Moncloa.